Escuchando una canción de Diego Torres, me quedé reflexionando en esa frase. «Que no me pierda en la sombra, que no me duerma en el brillo». Pensé en tantas veces que la vida se llena de sombras que no permiten ver el camino. Cuando eres estudiante y pierdes el examen y crees que se termina el mundo. Cuando ese amor que creíamos eterno se desvanece. Cuando tu mejor amigo te traiciona. Cuando fallece ese ser querido y no puedes respirar.

Y cuando crees que no saldrás de la sombra, aparece esa mano que se extiende, esa canción que te abre una grieta y vislumbras la luz, o esa acción que alguien realiza y te saca de un tirón del pozo. Perderse en la sombra es cuando nos quedamos anclados en la auto lástima. O cuando culpamos al otro por nuestro infortunio y nos llenamos de rencor. O simplemente ponemos resistencia al devenir de la vida y dejamos que la ira dirija nuestras acciones. Estamos tan inmersos en esa oscuridad que no vemos al otro que está necesitando más que nosotros que alguien le tire un cable.

Lo importante es no rendirse. Estar atento al fugaz atisbo de luz, que muchas veces aparece de donde menos esperamos. Y aferrarte a ella para seguir. No dejar de ver al prójimo y estar atento para socorrer.  Nunca nadie es tan rico que no necesite nada del otro ni tan pobre que no tenga nada para dar.

Y luego están esos momentos en los cuales todo es brillo, luz, esplendor y gloria. Son los momentos más peligrosos. Porque es fácil ceder a la tentación de quedarse ahí. Repitiendo una y otra vez el recuerdo de ese momento de éxito. Y la vida sigue, y pasan cosas nuevas que no las vemos por estar encandilados con el brillo de algo que ya fue. 

La creatividad se adormece, la autocrítica flaquea y es fácil equivocarse. Te vuelves confiado de más y crees en «el abrazo de la gente que tiene el corazón frío» como dice Diego torres en la canción. Confías en cuántos «likes» tiene tu publicación, y que no son más que reacciones indiferentes de alguien que tiene pereza de comunicarse realmente contigo y darte su sincera opinión.

Gente, es momento de hacer un alto. Es tiempo de volver a crear relaciones «cara a cara». De hacer citas para tomar un té o como uruguayos, un buen mate, y simplemente conversar. Contarnos cosas. De las buenas y de las otras. Mostrar nuestros puntos de vista y aceptar o por lo menos escuchar las del otro. Cerrar esa brecha espantosa que nos separa del que piensa diferente a nosotros. Si en resumen somos todos humanos. Con experiencias parecidas. No hay buenos ni malos. Todos tenemos luces y sombras, aciertos y errores. Y es válido cambiar de opinión. Nada es estático porque la vida se compone enteramente de átomos, que son simplemente (o complicadamente) partículas de energía en movimiento. Y para terminar lo haré con la frase de la canción de Diego Torres: «Y no se olviden nunca que la vida vale la pena si aprendo a hacer el camino».