Yo, al igual que muchas personas hoy día, caí en la trampa de las frases motivacionales: “No permitas que esto te quite la paz”. “Solo respira y sonríe”. “Saca el aprendizaje de esto”. “Dale la vuelta a la tortilla”. Y una larga lista de frases motivacionales parecidas, dichas por personas con buenas intenciones (algunas no tanto) y cuyo único fin es buscar una solución rápida a la situación incómoda del momento. No es que las frases no estén bien, porque si lo están. Lo que no está bien es la abreviatura. Es obviar el largo proceso que hay detrás de cada una de ellas. Procesos que llevan su tiempo, incluso años. Que para lograr que una situación “no te quite la paz”, primero debes aprender a gestionar tus emociones, aprender a darle importancia a lo verdaderamente importante y aprender a accionar y no a reaccionar.

Y eso, lleva tiempo. Que para “respirar y sonreír”, esa respiración no debe doler. Y para que no duela, primero tenemos que despojarnos de esas mochilas que cargamos y que no son nuestras, pero que desde siempre nos condicionaron para que nos hiciéramos responsables. Y eso, lleva tiempo. Que para “sacar el aprendizaje” de una situación primero tenemos que atravesarla, y cuando haya pasado, recién ahí podemos ver qué aprendimos. No mientras la estamos atravesando, porque debemos centrarnos en la solución. Y eso, lleva tiempo. Que para “dar vuelta a la tortilla” primero debemos asegurarnos que es el momento correcto, porque hacerlo antes hace que se desarme, y hacerlo después, que se queme.

Por eso te decía que son frases que te dicen personas bien intencionadas, pero desde la ignorancia, por repetir lo que está de moda, por querer salir rápido de ese momento incómodo de tener que contener a la persona que está sufriendo. Y porque hoy en día lo que parece importar es que todo aparente estar bien, bonito, y cada uno metido en una burbuja que lo aísle de todo lo ajeno.

Y las personas no tan bien intencionadas, te las dicen para que tú les preguntes “¡y eso como se hace?”, y así poder venderte un curso, o un libro o un talismán o cualquier otra cosa que te “ayude”.

Cuando estás pasando por un momento difícil, quédate con esa persona que te escucha con paciencia, que después de hacerlo te dice “a ver, vamos por parte”, y con mucho respeto te ayuda a diseccionar lo que te pasa, a separar lo real de lo irreal, de la película que te estás haciendo. Y dentro de lo real, lo que es importante de lo que no lo es, porque a veces nos ahogamos en un vaso de agua. Dentro de lo importante, lo que es urgente de lo menos urgente. Y muchas veces eso tan urgente e importante es nada más y nada menos que sentir que le importas. Que con un abrazo sincero te transmite esa fuerza que te faltaba para hacer frente a la adversidad, que con solo escucharte con atención te ayuda a decirlo en voz alta y sacar eso de adentro ya es un montón. Porque gestionar las emociones lleva tiempo. Adquirir claridad mental ante situaciones complejas, lleva tiempo. Madurar, lleva tiempo. Tener experiencia en la vida, lleva tiempo. No puedes hacer un click y que todo se arregle mágicamente. Primero hay que aprender a hacer magia, y eso lleva tiempo.