Cuando uno está tan rodeado de malas noticias como nos pasa desde la aparición de la pandemia, aprende a valorar las pequeñas cosas de la vida. Por eso nuestro colaborador Andrés Barca nos acercó ésta reflexión, que puede impulsarnos a reconocer otras “pequeñas-grandes” cosas que a veces, el apuro o la rutina no nos dejan ver.
Fue hace poco más de 3 años que decidí un día irme de mi casa en condiciones que prefiero no aclarar, solo diré que fue mas una huida que una mudanza. Me mudé de un barrio con fama de peligroso, cosa que en algún sentido es verdad, pero muy tranquilo, muy barrio, a un apartamento en el medio del centro. No puedo decir que no extrañé, pero tampoco puedo decir que lo sufrí. Fue un cambio muy positivo porque cambié mi forma de vida, pero sacrifiqué mis espacios y muchas libertades. Esa libertad que solo una casa de un lugar casi suburbano te da. Esa tranquilidad típica y exuberante de un fondo amplio para darse el placer de hacer lo que uno quiera. Ahora cargado de esperanzas de una vida nueva, cargado de proyectos y sueños volví al barrio, a un par de cuadras de donde me crie, pero al barrio. Y es que descubrí que le tengo un cariño más que especial al barrio, a este tipo de lugares. Estos oasis mágicos donde el tiempo se desdobla y corre diferente, tranquilo, lejos del bullicio de la muchedumbre enloquecida. Soy de barrio, difícil me cambien eso. Díganme qué puede ser mejor que la libertad del fondo de tu casa para hacer lo que vos quieras. Díganme qué puede ser mejor que no estar ensordecido de tránsito y gritos constantes. Porque mientras escribo esto puedo diferenciar el canto de gorriones y benteveos. Porque hacía muchos años que no me chocaba con el inocente placer de encontrarme bajo un alero, mirando la lluvia caer frente a mí, con las manos en los bolsillos pensando solo y únicamente en que la lluvia es más hermosa en mi barrio, hasta su sonido es mejor. Ahora me toca una vez más enfrentarme a esas calles que supieron verme cuando fui un niño travieso, que supieron verme cuando fui un adolescente atrevido, y cuando estaba empezando mi adultez. Si bien hay parte de sacrificio, volver al barrio se agradece. Volví, otra vez, al pasado, caminando mi futuro. Andrés Barca