Alta noche. Sola y entristecida,
al cielo, elevo mi plegaria reiterada.
¿Cuándo señor, cerrarán mis heridas?
¿Cuándo dejará, de sangrar mi alma?
¿Cuándo llegará el olvido,
con sus aguas santas,
que manan de tus manos, mi señor,
a lavar la sangre, de mis llagas,
a quitar de mi tanto dolor?
Pero, sigo por la vida encadenada,
a un recuerdo, que no logro olvidar.
No quiero otro juglar en mi ventana,
y jamás, otra boca volveré a besar.
El amor, está allí afuera, aguardando,
que abra yo mi puerta, y le deje entrar.
No quitaré la aldaba, mis manos están temblando.
Tengo un miedo enorme, de volver a amar.
Señor, En mi lámpara se extingue ya la luz,
y tapiadas, están mis puertas y ventanas.
Solo tú, puedes desclavarme de esta cruz,
y devolverme, el sol de las mañanas.
Setiembre
Cantan el monte y el río,
y el viento perfumado, canta.
Hasta mi alma, toda de negro vestida,
en la azul mañanita, canta…
Lola Petrone de Alonso
