“No debe haber habido una inquietud, una iniciativa, una idea de progreso para el departamento o la ciudad de Tacuarembó que no encontrara favorable acogida, que no tuviera resonancia en el ámbito de este centro social, que desde aquí no fuera estimulada o impulsada para su concreción en realidad”. Escribía el recordado maestro Dardo Ramos desde el libro “Tacuarembó. Apuntes para una historia de sus instituciones” editado a mediados de 1976. Allí también afirmaba: “Hablar del Club Tacuarembó, es hablar de la historia misma de nuestro pueblo durante los últimos cincuenta años de vida”. Y la verdad, es que casi 50 años después esto sigue siendo cierto. Hoy, con cien años de vida recién cumplidos, el club Tacuarembó continúa siendo un faro cultural donde confluyen música, plástica, literatura, conferencias, humor, en fin, las más diversas expresiones de la vida cultural y social.
A pesar de ser –como todos- duramente golpeado por la pandemia, hoy sobrevive estoico y orgulloso, por lo que quisimos preguntar a su actual presidente, el doctor Juan Antonio Otegui, cómo se las arreglaron para mantener vivo el club durante la pandemia, con la lógica caída en los ingresos: “Todos los años veníamos haciendo una rifa que la vendíamos entre el mes de diciembre del año hasta febrero del año siguiente, y en el mes de marzo rifábamos un auto cero km. Eso nos permitía tener un ingreso importante para el club, para poder financiar los gastos edilicios de todo el año. Y con los ingresos que se producían por arrendamiento de salones, cumpleaños de 15, casamientos, etc. los ingresos del pádel, los ingresos de un salón que tenemos arrendado allí, con ese otro bolsón nos permitía gestionar los gastos habituales de funcionamiento: pagar personal, BPS, DGI, seguros, todas las formalidades. Eso antes de la pandemia. Cuando vino la pandemia se nos planteó una disyuntiva importante: No sabíamos cuánto iba a durar, y tuvimos que cerrar el club, porque se nos privó de los ingresos. Tuvimos que cerrar el club, mandar el personal al seguro. Ahora, que de a poco la pandemia nos permite hacer alguna actividad, hemos reintegrado de forma parcial a algunos funcionarios (…) En medio de la situación muy aguda de COVID, cuando empezó la vacunación en Tacuarembó, nosotros vimos que cuando fueron a agendarse sobre todo en COMTA se produjo un aglomeramiento muy importante, y estábamos en pleno invierno y coincidió que hubo días de mucho frio y algunos de llovizna, y entonces –como teníamos el club cerrado- se nos ocurrió plantearle al personal técnico de COMTA que si deseaban instalar en forma gratuita el vacunatorio en el club para nosotros era un gusto. Para nosotros fue un orgullo que, en vez de tener el club cerrado, en el momento en que más lo necesitaba la sociedad de Tacuarembó, prestar un servicio. Y no era menor, porque se venían los 100 años del club.
El club desde sus inicios fue una especie de faro cultural de Tacuarembó. Ahora hicieron el Paseo de las Artes; ¿Cómo visualizan el futuro?
Nosotros teníamos una especie de hoja de ruta mes a mes con actividades culturales. Eso ya fue. Como no se pueden hacer actividades masivas, comenzamos a hacer actividades pequeñas. Este Paseo de las Artes fue una innovación, ante una sugerencia de Graciela González, que ella ha viajado mucho por el mundo, ha expuesto por muchísimos lugares y ha visto esto y que da buen resultado. Y esa iniciativa llegó para quedarse, el año próximo la haremos en forma mucho más numerosa, había muchos niños de escuelas de dibujo, de pintura, que no se animaron a participar por el tema de la pandemia, pero el año que viene será mucho más amplia”.
Continuamos leyendo en el mencionado libro del maestro Dardo Ramos: “El Club Tacuarembó, como un verdadero organismo con vida, ha ido desarrollándose a través de los años, tomando cuerpo y forma, siguiendo todas las alternativas y evoluciones de una ciudad que se transforma y progresa, que crece a un ritmo acelerado y toma las características de una urbe moderna.
El Club de la vieja aldea que conocieron nuestros abuelos y nuestros padres, el Club de la década del 20, que frecuentaron los varones de camisa planchada y traje de etiqueta y mujeres de vestidos de ‘soirée», dista mucho de este centro hermoso, funcional y moderno, pero el espíritu que alienta es el mismo que movió a sus fundadores y que impulsó a las distintas generaciones que hicieron su historia.
La historia del Club Tacuarembó, es en mucho la historia de nuestra vida cultural durante el segundo y tercer cuarto de éste siglo.
Ateneo de nuestra ciudad, se erigió desde sus mismos albores en el sitio obligado de congresos, exposiciones, conferencias, conciertos, mesas redondas. charlas de carácter científico, artístico y literario.
Nació el Club Tacuarembó, de un grupo de amigos que se autodenominó «Escuadrón de los siete»: Pedro Ríos, Ambrosio Colombo, Carlos Segundo Escayola, Wáshington Escobar, Celiar G. Ortiz, José G. Catalogne, Lino Machado y Emilio Gougeón (en realidad eran ocho). El líder de esta iniciativa fue Don Atanacio C. Viera.
Era costumbre de estos señores, organizar periódicamente reuniones bailables en casas de familia y salones de la Intendencia Municipal.
El grupo primitivo se fue haciendo cada vez más numeroso y se llegó a pensar en alquilar un local y en darle una organización que asegurase su estabilidad.
El 22 de agosto de 1921 se reunieron en el salón de sesiones de la Asamblea Representativa 76 personas, con la finalidad de crear una institución social que fuera punto de reunión para todos los vecinos del Departamento.
Presidió la Asamblea el Dr. Pedro J. Pirán, actuando como Secretarios los señores Jaime Borbonet y José A. Praderio.
Aceptada en general la idea se resolvió nombrar una Comisión de Estatutos que se integró con Pedro J. Pirán, Celedonio Nin y Silva, Atanacio C. Viera, Guido R. Andriotti, José A. Praderio, Jaime Borbonet, Santiago Nieto y Clavera, Juan Landó Triscornia, Rufino Ordeix, Amalio R. Darriulat y Alvaro Peixoto.
Los Estatutos fueron aprobados el 10 de octubre de 192I.
Establecían los Estatutos en su artículo 19: «En la ciudad de Tacuarembó, a los diez días del mes de octubre de 1921, queda definitivamente constituido un Centro Social sin tendencias políticas ni religiosas, que se denominará Club Tacuarembó».
Y en su artículo 29: El «Club Tacuarembó» es un centro que propenderá a los siguientes fines:
a) Fomentar preferentemente los deportes cuya implantación y generalización sean de consecuencia física. moral v social.
b) Organizar conciertos, bailes, tertulias, kermeses, conferencias, recibos, campeonatos deportivos y otras fiestas de esta índole.
c) Tratar de elevar el nivel general de cultura, civilización. espíritu de armonía y mutuo respeto.
d) Contribuir al desarrollo del arte en todas sus manifestaciones y a la difusión de los gustos artísticos.
e) Conmemorar y coadyuvar a la solemnización de las efemérides nacionales.
La primera Comisión Directiva del Club Tacuarembó, se constituyó el 19 de octubre de 1921 y quedó integrada por: Atanacio C. Viera como Presidente, Santiago Nieto y Clavera como Vice Presidente, José A. Praderio como Secretario, Tomás Peña como Tesorero, Juan B. Zóboli como Bibliotecario, Alberto Arregui, Celedonio Nin y Silva, Juan Landó Triscornia y Jaime Borbonet, como vocales.
El primer funcionario que tuvo la institución fue el Sr. Benigno Xavier, nombrado el 24 de octubre del mismo año. Se resolvió pagarle el 5 % de las cuotas mensuales cobradas y $ 10 por mes como asignación por la cobranza de acciones y trabajos generales de conserje…
Podríamos continuar, pero un siglo de fecunda historia llevaría más que el espacio que puede ofrecer éste periódico. Quisimos hacer una semblanza y un homenaje, a una institución centenaria que, como decíamos al mencionar el “Paseo de las Artes”, ha sido desde sus inicios, un faro cultural para el departamento y la región.







