Se rompió en mil pedazos,

mi alianza de oro,

y vestida de negros harapos,

vagué sola por los campos.

Para mi sed no hallé,

ni una gota de agua,

en los míseros charcos,

y para mi cansancio infinito,

ni siquiera la sombra de un árbol.

Mendigué con las manos tendidas,

y ni pan ni monedas me dieron.

Y la noche, igual que un vampiro,

me cubrió con sus alas negras.

Me envolví en la capa raída,

y me recosté en un barranco,

cerré los ojos y traté de dormir.

En vano. EI miedo, el frío, la sed y el hambre,

mantuvieron mis ojos abiertos,

y atormentados, mi cuerpo y mi alma.

Se acercó un lobo temible,

(ojos de fuego, colmillos ensangrentados…)

y mansamente se echó a mi lado.

Su calor y su compañía alejaron el miedo y el frío,

olvidé mi sed y mi hambre,

se apaciguaron las penas de mi alma,

y en mis ojos se secó el llanto.

Lola Petrone de Alonso