La partera que revolucionó la manera de traer niños al mundo.
En el siglo XVIII, dar a luz era un proceso extremadamente peligroso. La falta de conocimientos médicos y la ausencia de parteras bien entrenadas causaban innumerables muertes tanto en madres como en bebés. Angélique Marguerite Le Boursier du Coundray decidió hacer todo lo posible para cambiar esa realidad, siendo pionera en la rama de la obstetricia en Francia.
Angelique fue una matrona francesa. Fue la primera en enseñar el “arte del parto” en público y a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, promovió la formación de matronas con cursos para que sustituyeran a las matronas formadas por la práctica solamente. En aquella época se contaban verdaderas historias de horror sobre las parteras ignorantes del campo.
Nacida en el año 1712 en una eminente familia de médicos. Angelique desafió la costumbre de la época en que las mujeres tenían muy pocas oportunidades de tener una educación formal y se convirtió en maestra partera, recibiendo su diploma el 26 de setiembre de 1739, con 27 años de edad.
Después de haber sido maestra partera en el Chatelet de París durante 16 años, volvió a Auvernia en 1754 y comenzó a dar cursos gratuitamente.
En 1759, el rey Luis XV, preocupado por la alta mortalidad materno-infantil en las zonas rurales, le otorgó el permiso mediante un diploma y una pensión para recorrer Francia enseñando obstetricia a parteras y cirujanos. Durante más de 25 años, recorrió el país con su innovador método de enseñanza y entrenó a miles de mujeres. Para hacer prácticos sus cursos, recurrió a un innovador método pedagógico: Creó un maniquí de madera, cartón, tela y algodón que reproducía a tamaño natural la pelvis de una mujer, que le permitía mostrar las diferentes maniobras que se podían realizar durante el parto, minimizando así los riesgos tanto para la madre como para el bebé.
A los 45 años de edad y durante casi un cuarto de siglo (hasta 1783), a pesar de los problemas de gota y obesidad que sufría, viajó por toda Francia rural y formó a más de cinco mil mujeres, que a su vez formaron a miles más. Enseñó también a quinientos cirujanos y médicos varones. También consiguió abrir casas de maternidad en muchas ciudades grandes.
El método “simple, claro y exacto” de Du Coudray, junto a su paciencia, le valió ser estimada y considerada. A través de su esfuerzo educativo, se convirtió en una sensación nacional y en un símbolo internacional del avance médico francés.
En una memoria que presentó su sobrina (de nombre Coutanceau) ante la Asamblea Nacional, mencionó el caso de La Fayette, cuyo nacimiento casi milagroso se lo debía a Angelique du Coudray.
La Fayette caería pronto y Alphonse Leroy, un viejo enemigo, se manifestó, denunciando la ignorancia de supuestamente todas las comadronas y hablando con desprecio de “la señorita que enseñaba a dar a luz con una muñeca”. Se inició una investigación y las provincias se pronunciaron a favor de Du Coudray. A pesar de eso, ella perdió la pensión que recibía desde París y tuvo que vender sus posesiones para cubrir sus necesidades.
El 17 de abril de 1794, Angelique Du Coundray falleció, al parecer de vejez, aunque muchos eruditos sospechan que fue asesinada durante la noche, por el apoyo que recibía de Luis XV.
Elizabeth Moreira
