Beneficios que prolongan la vida
La actividad física regular tiene efectos comprobados y positivos en las personas mayores, especialmente en quienes han mantenido una vida activa. Aunque es difícil separar los efectos del envejecimiento de los de la inactividad, los estudios demuestran que el ejercicio mejora significativamente la salud en esta etapa.
Entre sus beneficios, se destacan la prevención de enfermedades cardiovasculares gracias a un mejor funcionamiento del corazón, menor frecuencia cardiaca en reposo y mejor recuperación tras el esfuerzo. También ayuda a controlar el peso, mejora la postura, previene la artrosis y la osteoporosis, y reduce los dolores lumbares.
Además, favorece el equilibrio físico y emocional, mejora el funcionamiento digestivo y fortalece músculos y huesos, retrasando su deterioro natural. Estimula la mente, aumenta la autonomía y mejora el estado de ánimo, reforzando la integración social.
Según investigaciones del Consejo de Europa en los años setenta, la actividad física es un factor clave en la esperanza de vida. Su práctica no solo mejora la calidad de vida, sino que permite a las personas mayores mantener su capacidad funcional y enfrentar mejor los desafíos cotidianos.
En definitiva, el ejercicio no solo es posible en la ancianidad: es esencial.
