Una institución en sí mismo
Desde la calle, la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes se ve tranquila, pero dentro es un hormiguero, en el que una comunidad creyente y amorosa trabaja por turnos. Por la mañana funciona una biblioteca, cuando se necesita hay un banco de medicamentos, al fondo, la comunidad Kolping trabaja en una huerta orgánica. También funcionan en ella grupos de Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos, y hasta hay un enorme salón comunal en el que ensaya el ballet Rumbo Norte. A la vuelta de la esquina, se suma la Casa de la Hospitalidad, que tiende una mano amiga a personas desamparadas.
El responsable de todo esto, tiene 92 años, acaba de cumplir 69 como sacerdote y continúa al frente de su amada Parroquia: el Padre Juan Costa Rocha, que nos dedicó un rato de su tiempo y hasta nos acompañó -orgulloso- en una recorrida por el impecable predio.
¿Qué lo llevó a decidir ser sacerdote?
“Bueno, en la familia siempre hablaban (del tema). Y en el año 44, en Melo hubo un congreso eucarístico. Y ahí se habló un poco. Y nos preguntaron qué queríamos hacer, y yo decidí ir al seminario, en Florida. Estuve cuatro años allí, desde 1944 al 49, más o menos y en el 50 pasé al seminario mayor de Montevideo, que quedaba por (calles) Instrucciones y Propios. Ahí estuve nueve años. Tres años de filosofía y lo demás de teología. Hasta que, en el año 57, en 1957, el obispo de Florida, que era Paternain, me dice: “Vos vas a Tacuarembó” (se ríe). Bueno, vine a Tacuarembó sin saber dónde estaba Tacuarembó.
Estuve nueve años en la San Fructuoso. con el padre Mario Rodríguez, que filósofo, teólogo y doctor en leyes. Y en el 65 estuve un año en Chile (en la universidad) y en el año 66, dice el obispo Partelli, primero obispo de Tacuarembó: “Te voy a mandar a la Parroquia de Lourdes. Y desde aquel momento hasta ahora estoy acá. La parroquia empezó en la capilla, aquella capilla vieja que está allí en Pablo Ríos, la Capilla Sagrado Corazón, y después vinimos para acá”.
¿Qué recuerda del día de su ordenación?
“Un día primaveral, pero ventoso como ahora. Mirá (se ríe). Pasé bien. Acompañado de toda mi familia, que fueron en un ómnibus expreso desde Montevideo. Con mucha emoción. Recuerdo que fue mi abuelo Cipriano Rocha, que estuvo en la guerra de los blancos (en el 1900)”.
¿Cómo era la vida de un sacerdote en aquella época, cuando usted recién se ordenó?
“Bueno, muy lindo, porque se abre un horizonte nuevo y uno va conociendo gente nueva. Claro, conocía todo Tacuarembó. “Aprendiendo cosas. Aprendiendo cosas, sí. Y recibiendo mucha, experiencia de vida, de trabajo”.
¿Qué recuerda de esos desafíos de aquel tiempo? ¿Todo era nuevo para usted? Todo nuevo, sí. Todo nuevo. Y como desafío, bueno, en el año 59 hubo la gran inundación. Recuerdo que llovió como una semana entera. Yo andaba para todos lados en una motito chica. Y no tenía nafta. Teníamos que ir al cuartel viejo a llenar. Y nos racionaban, nos daban dos litros, tres litros de nafta.
Porque no llegaban los camiones. No llegaban acá porque estaba todo inundado.
A lo largo de tantos años, ¿hay alguna vivencia, algo que lo haya marcado?
“Bueno, la vivencia de… Yo trabajé siempre en los barrios. Grupos de barrios, comisiones barriales. En el barrio Don Audemar, me acuerdo, en la capilla se trabajó por el agua y por el saneamiento del barrio que no había nada. En 1967 la comisión por el liceo del barrio…
Usted fue de los que levantó firmas para el semáforo de la esquina de la capilla.
“Yo estuve en eso con Manera, me acuerdo. Ah, Juan José Manera, gran amigo. Muy solidario. Él regaló el terreno donde está la capilla. hay como mil metros allí. se lo voy a mostrar.
¿En algún momento su vocación fue puesta a prueba en todos estos años?
“No, no. Nunca. No, no, no. Bueno, siempre hay tironeos, pero no. Son 69 años, ¿verdad? 69 años. Que se celebró el otro día. 69 años en Tacuarembó.
Ahora, cuando usted fue sacerdote, fue antes del Concilio Vaticano II. Ahí hubo muchos cambios.
“Muchos cambios”.
¿Cómo vivió usted esos cambios?
“Bueno, con alegría. Sí, sí. Me acuerdo que andábamos de sotana. Con cuellito y todo eso”.
¿Y cuándo se dejó usar la sotana? Porque en algún momento se dejó usar…
“Me acuerdo que se hizo una reunión. Al frente estaba el Obispo Carlos Partelli, que era de Rivera. Se hizo una reunión para ver si manteníamos lo de la sotana o si nos sacábamos. Y algunos quedaron solo con el cuellito (sonríe). Porque esa fue una de las tantas cosas que autorizó el Concilio, ¿verdad? Y después la misa en castellano, español, bah, el idioma de cada pueblo. Antiguamente era en latín”.
¿Y hay diferencias entre la fe de la gente de antes y la de ahora? Imagino que hay diferencias entre la fe de la gente en general en aquel tiempo y ahora.
“Sí, sí. Ahora es todo el modernismo. Ajá. El aparatito ese (señala el teléfono móvil), los medios de comunicación, pero siempre hay un grupo, se mantiene. Aunque a veces no se expresa. No sé cómo explicarme”.
¿Hay alguna oración, algún pasaje bíblico, algo a lo que usted recurra siempre? A mí me gusta mucho el Salmo 23, por ejemplo. (Lo recuerda, pero pícaro me pide que se lo diga)
“¿Ah, ¿sí? El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Exactamente. Me acompaña toda la Biblia, pero podría ser el Padre Nuestro. Cada día rezar Padre Nuestro, Padre de todos. Claro, claro. Y no hacer distinción de si (la persona) cree o no cree.
Acá viene gente creyente, no creyente, pasa ahí, nos saludamos. Ahora que lo pienso, una de las cosas buenas que tienen los barrios y se ha perdido un poco, y es saludar. Ahora pasan con el celular, si te descuidas te pasan por arriba (se ríe)”. ¿Qué le diría a usted a un joven de hoy que estuviera pensando en ser sacerdote? “Bueno, que siga. Acá han venido en estos días dos venezolanos que andan acá. Muy bien los muchachos, con vocación y todo lo demás. Bueno, y me ayudan a seguir, a continuar”.
¿Pero ya son sacerdotes?
“No, todavía no. Seminaristas. Seminario viene de semillas; ¿sabe?
Para terminar, si usted tuviera que resumir su vida como sacerdote, ¿qué me diría? “Siempre le digo a la gente, una comunidad cristiana está asentada en tres bases, Creer, Celebrar y Servir. Servir, es servir a la comunidad, servir al vecino, al enfermo, a la atribulada. Allí (señala enfrente) está José Acuña. Él visita a enfermos. Tiene como 25 enfermos. Y los visita, los anima, les lleva la comunión. Rezan juntos. Bueno, las tres patas de creer, celebrar: la celebración de los bautismos, la confirmación, la eucaristía, el matrimonio.
¿Hace casamientos aquí?
“Casamientos, sí, sí, ante los testigos nada más. Manera fue padrino de varios ahí. (se nota que lo recuerda con afecto) Yo lo acompañé a Manera desde el principio en varios trabajos que hicimos. Entre ellos, el liceo de acá del barrio.
Padre; ¿Es consciente que es usted (la persona) es una institución para el barrio, que así lo ven?
Humilde dice: “Bueno, por los años que estoy. Sí, sí, sí. Bueno. Estuve con Monseñor Partelli, Gil, Balaguer, Julio Bonino, y ahora está Pedro Wolkan, que es oriundo de Colonia”.
