Un profesor de Harvard pone en duda una creencia moderna

Durante décadas, millones de personas se han ido a la cama con una idea fija en la cabeza: si no duermen ocho horas, al día siguiente estarán cansadas, de mal humor y con problemas de salud. La cifra se repite en médicos, revistas, relojes inteligentes y aplicaciones de celular. Sin embargo, el antropólogo y profesor de la Universidad de Harvard Daniel E. Lieberman afirma que esta regla tan difundida no es una verdad universal, sino un mito moderno.

Según Lieberman, la idea de que todos los seres humanos necesitan ocho horas de sueño continuas cada noche no tiene una base biológica sólida, sino que surgió en tiempos relativamente recientes, cuando la vida empezó a organizarse en horarios rígidos de trabajo, escuela y producción industrial.

“Los humanos no evolucionamos para dormir de la misma manera todas las noches, ni la misma cantidad de horas”, sostiene el investigador, especializado en evolución humana.

Cómo dormían nuestros antepasados

Para entender su argumento, Lieberman mira hacia atrás en el tiempo. Durante más del 95% de la historia de la humanidad, las personas vivieron como cazadores-recolectores, sin electricidad, sin relojes y sin despertadores. Los estudios realizados en comunidades actuales que mantienen estilos de vida similares muestran que el sueño era más corto, más flexible y más fragmentado que el nuestro.

En promedio, estas poblaciones duermen entre 6 y 7 horas por noche, y muchas veces se despiertan durante la madrugada sin considerarlo un problema. A veces duermen una siesta durante el día y otras veces no. En otras palabras, el patrón de “ocho horas seguidas” no parece natural para la especie humana, sino una adaptación cultural reciente.

Dormir menos no es dormir mal

Lieberman aclara que cuestionar las ocho horas no significa que el sueño no sea importante. Todo lo contrario: dormir es esencial para la memoria, el sistema inmunológico, la regulación emocional y la salud en general. Pero lo que sí varía, dice, es cuánto sueño necesita cada persona.

Hay adultos que funcionan perfectamente con seis horas, mientras que otros necesitan nueve. La clave, según el investigador, no está en el número exacto, sino en cómo se siente la persona durante el día: si puede concentrarse, si tiene energía y si no se queda dormida involuntariamente.

“El problema aparece cuando la gente se estresa por no cumplir con un número mágico”, explica Lieberman. Esa ansiedad, paradójicamente, empeora el sueño y puede generar insomnio, aun cuando el cuerpo ya ha dormido lo suficiente.

El sueño como experiencia personal

La visión del profesor de Harvard coincide con la de muchos especialistas actuales, que proponen una mirada más flexible. El sueño no es una receta igual para todos, sino una experiencia individual, influida por la edad, el estilo de vida, la genética, el nivel de actividad física y hasta la exposición a la luz natural.

Además, el propio Lieberman recuerda que los humanos evolucionaron en un mundo lleno de sonidos nocturnos, cambios de temperatura y despertares frecuentes. Dormir profundamente ocho horas seguidas en total silencio y oscuridad es, en realidad, un lujo moderno, no una necesidad biológica.

Escuchar al cuerpo, no al reloj

La recomendación del antropólogo es simple: en lugar de obsesionarse con las ocho horas, las personas deberían escuchar a su propio cuerpo. Si alguien duerme seis o siete horas y se siente bien, no hay motivo para alarmarse. Si duerme ocho o nueve y sigue cansado, el problema no es la cantidad, sino la calidad del descanso o algún otro factor de salud.

En tiempos en que el sueño se ha convertido en un nuevo motivo de ansiedad, el mensaje de Lieberman resulta liberador: no todos necesitamos dormir igual, ni la naturaleza nos diseñó para hacerlo.

Tal vez, después de todo, la mejor noche de descanso no sea la que dura ocho horas exactas, sino la que nos permite despertarnos con energía y sin culpa.

¿Quién es Daniel Lieberman?

 Daniel E. Lieberman es uno de los paleoantropólogos más influyentes de la actualidad. Profesor de Biología Evolutiva Humana en la Universidad de Harvard, ha dedicado su carrera a investigar cómo la evolución moldeó nuestro cuerpo y nuestros hábitos cotidianos, desde la forma de correr hasta la manera en que dormimos. Sus estudios combinan fósiles, anatomía, biomecánica y observación de poblaciones actuales para entender por qué somos como somos. Autor de libros de divulgación como La historia del cuerpo humano y Ejercitado, Lieberman se destaca por acercar la ciencia al público general con un lenguaje claro y accesible. Sus trabajos cuestionan creencias modernas sobre la salud y el estilo de vida, mostrando que muchas de ellas no encajan con nuestra historia evolutiva. Con esa mirada crítica, se ha convertido en una voz clave para repensar el bienestar humano.