Un triunfo de la resiliencia

La llegada de la llama olímpica al país anfitrión es un momento simbólico en cada edición de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Según la leyenda, la antorcha representa el robo del fuego de los dioses por parte de Prometeo y su posterior entrega a la humanidad.

Antes de encender el pebetero en la ceremonia de apertura, la antorcha es transportada a lo largo y ancho del país por personajes, por lo general deportistas) representativos. En éstas olimpíadas, llamó la atención uno de ellos: Kevin Piette, quien a pesar de haber quedado parapléjico tras un accidente motociclístico recorrió parte del trayecto ayudado con un exoesqueleto, llevando la antorcha olímpica y un mensaje de innovación e inclusión.

El siniestro (ocurrido hace 11 años) lo dejó parapléjico a los 25 años de edad, sin embargo, su incapacidad no le impidió continuar con su carrera como atleta, pues tiempo después ingresó a la selección francesa paralímpica de tenis. Además, se unió a una compañía de robótica y se convirtió en «piloto» de exoesqueletos (ver recuadro).

El tenista, hoy de 36 años, caminó con la ayuda del dispositivo (foto), en el sector norte de la capital francesa, acompañado por miembros de la organización y ante la mirada del mundo. El exoesqueleto que utilizó, llamado Wandercraft, le permite caminar, subir escaleras y moverse por cualquier terreno. Tanto organizaciones científicas como deportivas han destacado este evento como un avance significativo en la inclusión, innovación y espíritu deportivo de los Juegos Olímpicos.

¿Qué es un exoesqueleto?

Es un dispositivo externo portátil que se puede «vestir» para apoyar y asistir los movimientos o aumentar las capacidades del cuerpo humano. Los exoesqueletos están inspirados en la biología de insectos (por ejemplo, las hormigas) y pueden mejorar la movilidad y la fuerza de quienes los usan, o – como en el caso de Piette – directamente permitirles el movimiento.