La cachimba
La cachimba tenía el agua más fresquita,
y en ella, nunca faltaban sapos croando.
Cuando Ferrari, corría las tablas,
todos ellos, se callaban.
Luego, un buen jarro de agua bien helada,
y a correr al monte, a comer pitangas,
frutitas de talas, mburucuyas,
chalchales y deliciosas guayabas…
Después, a la sombra de lapachos y coronillas,
acostados panza arriba, sobre la hierba mirar
a los chimangos volando en círculos en lo alto,
y los incesantes y alocados, vuelos de las golondrinas.
De tardecita, llenar el barril,
y con el petizo bien bañado,
regresar sin apuro a las casas,
con el lucero, sobre el tajamar reflejado.
De noche, todos reunidos en el patio,
en banquitos, o sentados sobre el pasto.
Mis padres, tía Longina, Ferrari, Bernabé Alonso y Orlandito,
Comiendo empanadas, tomando mate y charlando.
Y, cuando me iba a dormir,
abrazada a tía Longina, soñaba,
con la cachimba y los sapos,
golondrinas y guayabas…
Lola Petrone de Alonso
