Un cielo azabache,

y una luna de oro.

La luna, de mi infancia,

no es ésta luna,

que estoy mirando,

en la alta noche.

Han pasado

muchos años

y muchas cosas.

Y la luna y yo,

hemos cambiado.

Y mucho, ahora,

somos diferentes.

La luna ya no tiene,

a la Virgen María,

a San José,

al niñito Jesús,

ni al burrito.

Y yo, hace

mucho tiempo,

dejé de creer

en la bondad

de la gente

y en los Reyes Magos…

Lola Petrone de Alonso