Tacuarembó está volcado decididamente al cuidado del medio ambiente en diversas formas. Puede verse en los paneles de energía solar instalados en el techo del Polideportivo, en semáforos intermitentes que funcionan con energía solar instalados en accesos a la ciudad y hasta en iluminación vial rural. También en los 3 ómnibus eléctricos que recorren la ciudad, o en los nuevos (de los que hablamos en ésta misma edición) que, si bien son de combustión interna, emiten menor cantidad de gases. Además, funciona con buen apoyo de la ciudadanía el sistema de contenedores verdes y azules, que permiten separar más fácilmente residuos que pueden ser reciclados; se acaba de abrir un Eco Punto; y, por supuesto, en el programa de reciclado de envases plásticos que decora la ciudad y cumplirá un año el próximo 8 de diciembre.

Sobre éste programa, charlamos con su responsable, Marianela De Barros, una profesora de arte que estudió en Brasil y es la que crea los proyectos, los diseños y la forma en que éstos se desarrollan, aunque enfatiza que son un equipo, ya que se trata de un trabajo manual en el que hay que lavar, cortar y pintar. En el equipo hay un excelente herrero de la intendencia (Jorge Coitinho) que es el que suelda las estructuras, arriba de eso va tejido y sobre él las botellas trabajadas. Jorge Castelli también es una pieza fundamental y trabajamos codo a codo, las muchachas que aprenden y trabajan conmigo, el electricista también es una pieza fundamental, yo le digo como quiero y él lo hace. Es una labor de equipo”.

En éstos días se inaugurará el proyecto Navidad Mágica que incluirá un árbol gigante hecho con 25.000 botellas. “Este año habrá cosas muy grandes –anuncia- a todo lo que hago le pongo mucha iluminación, porque así queda espectacular tanto de día como de noche. La idea es que la gente se saque fotos y participe así de la decoración”.

Marianela además da charlas en escuelas contando “como viene ambientalmente el mundo, les cuento que una botella demoraría en descomponerse 500 años y hago talleres con ellos. Me gusta que siempre salgan con algo hecho de botellas, una flor, una planta, una mariposa, algo fácil que ellos puedan hacer por primera vez. La idea es que puedan mostrarlo en la casa para incentivar a las familias a participar. Ellos (los niños) son como una esponja. Van a absorber todo, y te aseguro que esos niños reciclan, porque vieron lo que se puede hacer, estuvimos haciendo cosas juntos y eso es muy destacable. Ellos les enseñan a los padres que no tiren nada, la mayoría traen las botellas (a los botelleros). Y uno ve que la semilla que plantó dio frutos, porque ellos están haciendo un mundo mejor. Yo les personifiqué el mundo, lo hice como si fuera una persona. ¿Por qué? Porque nos abraza, nos da todo, los alimentos y nosotros solo dañamos. El ser humano es el problema de todo. Nosotros limpiamos nuestra casa; ¿Y la casa de todos, alguien se acuerda que la casa de todos también necesita cuidados, que la limpien, que la quieran?”.