Con Idilfanis García
Medio centenar de descendientes de Charrúas u otras etnias convivieron en Tacuarembó el penúltimo fin de semana de septiembre en una reunión a la que concurrieron delegaciones de Montevideo, Rocha, Canelones, San José, Florida y Paysandú. La movida la organizó Idilfanis García, descendiente directa del cacique Sepé, quien nos explicó: “Nosotros – mi familia – somos descendientes de Charrúa-guaraní. La abuela de mi papá era guaraní. Yo tengo vivos aún a mi papá con 93 años y a la hermana de mi papá que tiene 96, ellos son tataranietos de Sepé, yo vengo a ser Chozna –se ríe- (En el diccionario castellano chozna significa nieto en cuarta generación, hijo del tataranieto).
¿Cómo logró albergar y alimentar un fin de semana a tanta gente?
“Mucha gente me apoyó. Conseguí 50 colchones prestados con la Dirección de Deportes de la intendencia, además (la intendencia) aportó el dinero para la comida, y la Junta (Departamental) aportó los dos desayunos y las dos meriendas. También hubo muchos amigos que colaboraron: uno me transportó en su camión los colchones, otro donó jugos, mi marido hizo de chofer todos esos días, no me quiero olvidar de nadie … Y sobre todo nuestros amigos que nos prestaron el predio que hoy se llama Vieja bodega (la ex Bodega Pacher), Alejandro Michelena y Thais, que es un lugar ideal, porque tiene salones y hay lugar separado para quedarse hombres y mujeres. Todos ellos (los que vinieron) estaban entusiasmados por venir, porque acá, Tacuarembó, es donde hay más descendientes, y mis ancestros me dieron la luz para poder realizar esto. Porque después que terminó me puse a pensar que era algo como para que lo hubiesen organizado 10 o 15 personas y lo pude hacer gracias a la ayuda de tanta gente”.
¿Cuándo supo usted que es descendiente de los charrúas?
“No sé si por el genocidio de Salsipuedes, o porque había cierto temor, pero antes no se hablaba de éstas cosas. Pero cuando fui al liceo, que fui más grande, comencé a leer, y a conectarme con otras personas, hablando. Yo lo sentía, pero hay que descubrir, dar con otras personas que le puedan transmitir. Después ya más grande preguntándole a mi padre, también porque vivimos con el abuelo que hacía muchos cuentos; además yo trabajé 16 años en la biblioteca de El Hongo y leía mucho, todo lo que era libros sobre los charrúas, aunque en ellos decía: Los charrúas vivieron, vivieron – enfatiza – como que estaban extinguidos. Y había muy poquito espacio sobre ellos. Pero yo decía: Yo me siento charrúa, no es que vivieron, vivimos. Y ahora se sabe que más de un tercio de la población uruguaya (37%) tenemos genética charrúa. Hay gente que no sabe que es descendiente, pero siente ese amor por la libertad, por la naturaleza, por cuidar el medio ambiente… Más adelante Nancy Boerr hizo un libro y recreó todo el árbol genealógico de nosotros, de toda la familia descendiente de Sepé”.
Y luego se conectó con el Clan Choñik…
“Empecé a ir al Clan Choñik por una invitación que me llegó. Está en las afueras de Montevideo, es una aldea comunitaria donde hay 6 o 7 familias que trabajan en comunidad en una chacra grande, (será una hectárea), donde las viviendas son de barro, con gramínea, ellos plantan y cosechan para todos. Yo fui al primer círculo –de mujeres- y me encantó. Adonde yo fui había un círculo de mujeres, quizás en otros lados ya hicieron de hombres. Pero acá en Tacuarembó yo no fui a ningún círculo. No sé, porque hay otros grupos si ya se ha hecho. Este clan Choñik que tiene 15 años ha sido incluido en el libro de Ciencias Sociales de sexto año de primaria. En el 2015 fueron a los Juegos Mundiales Olímpicos Indígenas en donde compitieron y trajeron medallas y algún premio. Lo que queremos es que seamos incluidos en esos fondos que hay para los afros y otros grupos, para que nosotros podamos también contar con fondos para las distintas actividades. Choñik va a las escuelas, hacen talleres de música precolombina….”
Explíqueme qué es El Círculo y que otras actividades desarrollaron.
“El círculo se hace porque la vida es un círculo. Se ponen piedras y al medio se hace el fuego, que a ese fuego le decimos Sepé, porque Sepé significa “sagrado”. Al hacerlo recordamos a nuestros ancestros, todas sus vivencias, nos conectamos con la madre naturaleza, tratamos de estar descalzos, en contacto con la naturaleza. Al principio se hicieron dos círculos: uno de las mujeres y otro de los varones, y luego nos juntamos y salió el primer círculo de hombres y mujeres (descendientes) de charrúas de Tacuarembó. Estuvo hermoso, se podía sentir la energía. La tradición de nuestros ancestros dice: las mujeres son sanadoras de la tierra, y las mujeres por ser la que está en casa y con los niños somos normalmente las que transmitimos eso. Además, este encuentro y los círculos se hicieron el día 21 y 22 (de setiembre) que es el solsticio de primavera y para los charrúas es el año nuevo, cuando la primavera florece y todo renace. Con todo esto que está pasando, los incendios en el Amazonas, nuestra tierra necesita sanación, en el sentido de cuidar los árboles, nuestra agua… Lo ancestral, el amor a la tierra que nos da todo. A mí me gusta sentarme en el patio, entre las flores, escuchar, el silencio es muy de los charrúas, de nuestros ancestros. Ahora no porque ya está muy viejito, pero yo recuerdo ver a mi padre una hora en cuclillas, y le decía: Pero papito, por qué usted se pone así. Y él me decía: Mi ‘hijita, es la forma de yo descansar. ¡Una hora así en cuclillas! No cualquiera lo hace. Todo eso es ancestral”. También está la Ceremonia de la Luna, que es hermosa: Hacemos el círculo cuando está la luna llena. En septiembre justamente hizo 15 años del Clan Choñik. Choñik es un vocablo pampa milenario que significa “somos la gente”, hasta después que se adquirió el nombre de charrúas. O sea, nuestros ancestros eran “somos la gente” y clan por ser una comunidad.
Ustedes dejaron como recuerdo del encuentro una piedra y un arbolito…
“Sí, ellos trajeron en reconocimiento un arbolito, una pitanga, que es un árbol autóctono que se hizo la excavación ahí y lo plantamos con mi sobrina, en representación de mi padre, de mi tía, de mis hermanos, sobrinos y de todos los charrúas en honor a Sepé. Y además se dejó una piedra grande para dejar en la memoria que ahí se realizó el primer círculo de mujeres y hombres charrúas en Tacuarembó. Y en ese lugar -mirando al Sur- por detrás del árbol y la piedra vemos el cerro Batoví, es una imagen hermosa. De aquí en adelante quisiera pedirle a la gente, que hay tantos descendientes, que cuando se pueda hacer una ceremonia de luna llena, de juntarnos con el fuego, hablar de todo eso ancestral para que no se pierda. Nosotros necesitamos reivindicar nuestra identidad, que los charrúas vivimos y estamos. Y tenemos derechos, así como los afro han luchado y tienen reconocimiento. Ese fin de semana tuvimos talleres de lengua, de hierbas medicinales, también fuimos a la laguna, al balneario y allí se hizo el hilado de la lana directamente sacada de la oveja. Acá en Tacuarembó tendríamos que juntarnos de los distintos grupos que habemos y formarnos en uno solo, cada uno con su nombre –respetando esa diversidad- pero hacer algo para todos. Somos libres, porque los charrúas somos libres, pero estaría bueno integrarnos”.

