A sus 76 años de edad, veinte de ellos presidiendo la comisión organizadora de la Fiesta de la Patria Gaucha, el arquitecto Hugo Pereda ha decidido dar un paso al costado. Recibió emocionado el reconocimiento de manos del intendente departamental, y desde entonces, seguramente, sus compañeros no han parado de intentar convencerlo para que siga. Vital, campechano, sin perder nunca la amabilidad que lo caracteriza, nos recibió en su casa para contarnos algo “del adentro” de la fiesta tradicionalista más importante de la región
Imagino que la suya es una tarea que implica mucho cansancio y a la vez estrés…
“Por supuesto, siempre he dicho que cuando asumís una responsabilidad hay que cumplirla, se lo he dicho a los propios compañeros (de comisión): “Esta es una comisión para trabajar, no para figurar”.
Y el trabajo continúa durante prácticamente todo el año…
“El sistema es: Una comisión delegada del señor intendente, los cuales, tras la fiesta, una vez presentado el balance y todo lo demás cesamos. Ahí es cuando viene la licencia como yo le digo. Que son 30 días o un poco más, y después se nombra otra vez la comisión. Yo dejo la presidencia, pero no voy a destetarme totalmente, porque si veo que algo se hace mal lo voy a decir”.
Una cosa que ha caracterizado a la comisión es la presentación de nuevas propuestas.
“A la fiesta siempre hay que agregarle algo porque si no, se vuelve rutinaria. Por ejemplo, este año fue la fuente de aguas danzantes fue una novedad que contribuyó a engalanar el paisaje de la laguna. Una de las cosas que más me llamo la atención es el éxito que ha tenido la cocina de los niños de 8 a 12 años. Los medios de comunicación de la capital van a instalarse, a filmar al gurisito, como maneja el fuego, si se quema… Lo hicimos un año y gustó tanto que quedó. Otro año trajimos del interior del departamento delegaciones de adultos mayores vestidos de bombacha y alpargatas a conocer la fiesta. Son cosas que debemos hacer y contribuyen al éxito de la Patria Gaucha. Al hogar de ancianos siempre le damos entradas gratis, tienen que avisar con quien vienen, los ayudantes que los acompañan, hay que organizarlo, pero lo hacemos para que revivan esa historia de ellos”.
Casi todos los años se habla de la necesidad de cambiar la fiesta de lugar; ¿Qué opina usted al respecto?
“Yo opino que una fiesta que este año costó más de un millón de dólares no puede estar en un predio que es inundable, y tendríamos que trasladarla. Imagínese que para financiarla dependemos de muchos sponsors. En los 36 años tuvimos dos inundaciones. Una que nos tapó toda la laguna y tuvimos que cambiar para semana de turismo (y fue un fracaso), y la otra fue una inundación la semana previa, que empezó a bajar (el agua) y se hizo la fiesta, pero no fue igual, porque estaba todo encharcado. Una vez la creciente fue tan grande que levantó en las gradas (del ruedo) todo lo que era de madera, lo que no levantó fue lo de hierro”.
La fiesta aporta muchísimo y no solo en lo cultural…
“Además del aporte histórico y de rescate de las tradiciones, la fiesta significa mucho también por el dinero que deja, da muchas oportunidades al comercio, al puestero, al cuida coches… y Tacuarembó se ha visto beneficiado también porque los mejores artistas del cono sur han actuado en Patria Gaucha con precios populares. Por ejemplo éste año: La entrada más barata para ver a La K´onga en Montevideo (en el Antel Arena) costaba 1100 pesos y acá costó 600, o mucho menos si tenías un plan de financiación, comprando un abono o con tarjeta de crédito.
Cuénteme algo que le llamo la atención éste año.
Dos cosas: La cantidad de sociedades nativistas de distintas partes del Uruguay que, con una delegación de 3, 4, pero con su estandarte, desfilaron. De Fray Bentos, San José, Treinta y Tres, Maldonado, de todos lados. Y que éste año estaba toda la prensa capitalina. Mi teléfono sonaba a cualquier hora, por ejemplo, a las 2 de la tarde para hacerme una entrevista, y de repente era un programa de entretenimientos. Me llamó la atención que tuviéramos un espacio, sin pagarles nada”.
