Terminó el 2020. Todos estábamos deseando que pasara de una vez con la esperanza de que se llevara consigo la pandemia. En el imaginario colectivo teníamos la fantasía de que el cambio de almanaque también produciría el cambio en la vida. Durante toda nuestra existencia venimos haciendo lo mismo sin darnos cuenta que esa magia no existe. Y tiramos cohetes y fuegos artificiales los 31 de diciembre para despedir el año. O porque nos fue muy bien y lo celebramos o porque nos fue mal y nos alegra que terminó. Depositando así todo el poder de nuestro bienestar en lo externo. En el año y sus circunstancias. Pero eso es pura fantasía. Lo bueno o lo malo que nos pasó fueron las consecuencias de nuestras acciones y de cómo encaramos lo que nos toca vivir. Nada es bueno o malo, simplemente es lo que es. La calificación se la damos nosotros. Por ejemplo, la lluvia. Es sólo agua. Pero la calificamos como buena si cae en un período de sequía y como mala si los suelos están saturados porque produce inundaciones.
Ya pasó un mes de este nuevo año y la pandemia muy lejos de desaparecer, empeoró. Pero es como que nos acostumbramos. Y seguimos nuestra vida lo mejor que podemos. Y no importan nuestros deseos, la realidad es lo que es. Acá lo que importa es como reaccionamos a los cambios. Cuanto mayor es nuestra resistencia, mayor es nuestro malestar. No debemos cargar todas nuestras expectativas a la vacuna porque va a llevar un tiempo que se logre la inmunidad total. Es decir que vamos a vivir otro año diferente. Está bueno que nos hagamos a la idea que nada volverá a ser como antes de la pandemia y que estemos abiertos a los cambios. Las quejas sólo son quejas. La vida es lo que se vive, lo que se experimenta. No malgastes tu tiempo, tu creatividad y tu energía en algo tan muerto como lo es la queja. Si no puedes ir al gimnasio sal a caminar. Si no puedes ir a jugar al truco con tus amigos jubilados lee un libro o juega al solitario. Si no puedes ir a la clase de tejido, arregla tu jardín. Si te sientes solo porque tus nietos no pueden venir a verte consigue una mascota, son una excelente compañía con esa cuota extra de cariño que suelen dar a sus dueños. Si te manejas un poco con la tecnología, toma clases por Internet. Hay ofertas de cursos de lo que se te ocurra.
Lo que quiero decirte es que te muevas. Sal de ese triste lugar de víctima que aburre a quienes te tratan y haz cosas diferentes. ¡Y vuelve a sentir la alegría de estar vivo!
Elizabeth Moreira
