Azul Profundo

(El Reencuentro)

En el azul profundo de la noche,

fuimos un solo cuerpo, una sola alma…

No nos dijimos ni un solo reproche.

Nos amamos sin ayer y sin mañana.

Tu venías del campo. Aún traías,

el perfume de los pastos y las pomas,

en tus besos la frescura del rocío,

y en tu voz el arrullo de una alondra.

La brisa de noviembre penetraba,

por el balcón abierto a la pradera.

Mareaba el aroma de las salvias,

del jazmín del País y las diamelas.

El canto de los grillos en las sombras.

El silbido de un andante en el camino.

Y tú y yo abrazados en la alfombra,

y un amor fugazmente renacido.

Fue una noche mágica. Solo una.

Después, los dos seguimos nuestras sendas.

Pero, como aquella, jamás hubo otra luna,

y nunca más, brillaron tanto las estrellas.

Lágrimas de sangre

Un invierno se llevó,

al hombre, que más amé.

Lágrimas de sangre, lloro,

Cuando me acuerdo de él…

Lola Petrone de Alonso