La primera e inigualable
Martha fue su nombre artístico, el de bautismo fue Fermina Gularte. Hija de un negro brasileño (Benigno Gularte, que falleció 2 meses antes de su nacimiento) y de una mujer blanca (Custodia Bautista), nació un 17 de junio de 1919 en un rancho humilde de Paso de los Novillos. Cuando tenía solo 2 años de vida, también falleció su mamá. Ahí fue separada de sus 6 hermanos y llevada a Montevideo, al asilo Dámaso Antonio Larrañaga en el barrio Palermo. De esa estadía se conocen anécdotas malas y buenas. Una es que la poetisa Juana de Ibarbourou Integraba una comisión de beneficencia que colaboraba con las huérfanas, por lo que visitaba regularmente el asilo.
En una de esas visitas, Fermina – todavía niña- la conoció. Una maestra que mostraba el lugar a la escritora la señaló y dijo: “Esta negrita sabe escribir versos”. Después, de más grande, Fermina contaría el diálogo que recordaba haber tenido con Juana: “La poetisa preguntó: ‘¿Cómo se llama la niña?’. Y yo le dije mi nombre. Tanto así que Juana me puso una mano, me abrazó y me trajo más con ella, y dejó a la maestra aislada. Como no le gustó la manera de proceder y expresarse de la maestra, me dijo: ‘¿Así que vas a ser poetisa, como yo?’. Y yo le dije: ‘No, yo quiero ser bailarina’”. Ella se rio y desde entonces preguntaba por la bailarina».
Cuenta la leyenda que desde allí se escuchaban los tambores del conventillo La Facala, y ella (con 11 años) se escapaba para verlos tocar y bailar. Aunque Fermina comenzó trabajando como sirvienta, supo ganarse su espacio de reina e introducirse en la memoria de todos los uruguayos.
A los 14 años, se presentó a un concurso de baile. La propia Marta rememoró aquel primer paso artístico en una entrevista concedida en 1999 al periódico argentino Clarín: “Me puse un vestido de encaje negro y un par de zapatos de taco alto y me fui a un teatro. No podía entrar porque era menor, pero me abrí el tapado y al verme, el brasilero de la puerta me dijo: “¡Vocé va a ser la atracción de la noche!” Salí al final, tiré el tapado, me levanté la pollera y el teatro fue un jolgorio.”
Sus inicios fueron como bailarina de varieté y triunfó en los escenarios de los cabarets chilenos primero y montevideanos después. “Era una excelente bailarina”, contaba Nelson “Laco” Domínguez, escritor y periodista de larga trayectoria: “Dominaba como pocas los estilos de danza estadounidenses como el Charleston, y brillaba en los cabarets montevideanos, que en esa época abundaban y constituían una de las instancias más importantes de la vida nocturna de la ciudad.
Gracias a esa ductilidad, el ‘Macho’ Lungo -por recomendación de Carlos “Pirulo” Albín- la llevó al carnaval uruguayo, donde debutó en 1949, en la comparsa Añoranzas Negras. Para dar una idea del impacto que causó, solo basta con mencionar el hecho de que la figura de la vedette la creó ella. Antes de Gularte, había bailarinas, pero no vedettes”.
Hay una anécdota sobre ese momento que la pinta de cuerpo entero, narrada por ella misma en una entrevista concedida a Susana Benítez: “Me propusieron que me integrara como bailarina, pero yo dije que, como en una tribu, yo sería la reina. Para bailar, tenía que ser la primera”. Salió primera en la comparsa y también primera como Reina de Carnaval, a sus 31 años de edad y a pesar de que – como ella se encargó de recordar – la intendencia había contratado a una norteamericana, Abbe Lane, para que fuera la reina. “Pero cuando yo salí, estaba espectacular y la gente se puso a gritar: ‘Esa es nuestra reina!’”, precisaba. Y ahí creó la figura de la vedette.
Además de en nuestro país, actuó en Argentina, Chile y Brasil. En Buenos Aires alternó en la revista porteña junto a figuras de la época como Tito Lusiardo, Alberto Anchard y José Marrone. También realizó presentaciones en el carnaval de Montevideo con la cotizada orquesta del director musical hispano-cubano Xavier Cugat, que le ofreció proyectar su carrera internacionalmente, pero ella lo rechazó:
«Tuve miedo porque tenía como treinta escapadas del juez de menores. Esos miedos que tiene uno cuando es joven. Porque yo era una mujer sin antecedentes. Después de años (1986) nos vimos en Barcelona. Me dio no sé qué porque se puso a llorar.»
Su magnetismo y talento la llevaron incluso al cine: En el 2000 actuó en la película “En la Puta Vida”, dirigida por Beatriz Flores Silva; quien refiriéndose a esa actuación dijo: “En lo artístico, era una profesional. Supo entender enseguida lo que se pretendía de ella, pero además comprendió por dónde pasaba, en el cine, el sentido del espectáculo. En eso, superó incluso a muchos de los actores que trabajaron en el film: tenía un sentido acabado de dónde ubicarse para que la cámara y la iluminación la tomara en provecho de la película”.
Crecida en un lugar donde la firmeza y la religiosidad eran moneda corriente, Marta aprendió a aferrarse en su fe de creyente para sobrellevar los “tragos amargos”. No obstante, también aprendió los códigos del barrio y convivió con ellos la mayor parte de su vida. Los sábados del Mercado del Puerto montevideano eran clásicos para Gularte que, sin embargo, asistía rigurosamente a la misa dominical. Su talento, también la llevó a escribir:
En su libro “El barquero del Río Jordán. Canto a la Biblia”, Gularte cuenta que su vida fue bastante dura: “Sobre todo viví una niñez bastante dura. Me castigaron mucho. Me castigaron. Pero nunca me prohibí nada porque la que me mandé siempre fui yo» En ese libro, recoge en versos sencillos su vida y su fe en Dios, conjugando los códigos bíblicos con los del barrio.
Sola, en la intimidad de su casa, falleció a los 83 años la primera vedette que tuvo el carnaval uruguayo, una mujer que supo hacerse a sí misma, feminista, defensora orgullosa de su raza, que teniendo todo para errar el camino, supo construirse uno propio y pasar a la mejor historia de la cultura popular uruguaya.
Con su partida, solo ella supo hacer llorar al Dios pagano de la alegría. Es que Momo se quedó sin su reina. GERMAN SUAREZ
Fuentes:
Material propio de Los Años Dorados, Gran Enciclopedia del Uruguay (El Observador), Montevideo.COMM, El País, La República de las Mujeres, Brecha, Clarín.






