Gracias a los avances en la medicina, la calidad de vida de las personas de la tercera edad de hoy en día nada tiene que ver con la de nuestros ancestros. Debido a mi edad, mi grupo de amigos anda entre los 60 y 70 años. Muchos están jubilándose. Esa tan largamente esperada etapa de sus vidas, al fin se está haciendo realidad. Y ahí los veo, alegres, sanos, llenos de vida, con una juventud interior que les pone un brillo especial en los ojos.
Y llega la infaltable pregunta: ¿qué vas a hacer ahora?
He recibido todo tipo de respuestas. Está la que quiere dedicarse a mimar y consentir a sus nietos y no para la pata entre los viajes desde su casa hasta la ciudad donde viven los niños. El que quiere viajar y recorrer el mundo y ya se ha anotado a excursiones varias para este año. Otra que no soporta la idea de estar sin hacer nada y comenzó un emprendimiento empresarial, y que por cierto le está yendo muy bien.
Están los que, como yo, ya tenían a la pintura como medio de relax y ahora tienen más tiempo para dedicarse al arte. Y el más sorprendente es el amigo que se jubiló en noviembre del año pasado y ese mismo año ya se inscribió en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) para terminar el último año que dejó inconcluso en su carrera como profesor de historia. – “Es el sueño de toda mi vida”- me dijo con los ojos brillantes. – “Sé que es un gran desafío, no sólo por volver a dedicar horas y horas a la lectura, sino por tener que pararme frente a una clase con 30 alumnos adolescentes, en un mundo nuevo, desconocido para mí”-. Y con una determinación férrea ahí va a hacer sus prácticas, a un liceo de contexto crítico en la periferia de Montevideo, a pararse frente a un grupo de adolescentes, para enseñarles que hay que recordar la historia para evitar cometer los mismos errores, emular a quienes tuvieron éxito en la defensa de las libertades, y tratar de enseñarles los valores de los cuales nos nutrimos las generaciones pasadas.
Como ven, mis queridos lectores, la vida es hermosa de ser vivida, con atrevimiento, con ganas de hacer cosas nuevas, aunque nos de miedo. Hay que plantarle cara con todo el bagaje de experiencia que hemos ido acumulando a lo largo de tantos años. Sin entrar en la provocación de aquellos cortos de mente que nos quieren encerrar en casa, diciendo que ya no tenemos nada más que hacer, cuando en realidad recién estamos comenzando una nueva etapa, llena de desafíos, sueños por cumplir, amores por descubrir (de los nietos y ¿por qué no? también de los otros), tecnologías nuevas que vienen para ayudarnos y quedarse. Deseo de todo corazón que se dediquen a honrar la vida viviéndola “al palo” como dicen los jóvenes para referirse a hacer algo con entusiasmo.
