Hace un tiempo fui a una fiesta, la celebración de 30 años de un joven. Al invitarme dijo: es una reunión sencilla, sólo compartir un asado con las personas que me importan.
Al pasar el día con esa gente, con esa tribu, quedé gratamente sorprendida. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de una reunión donde lo importante no era tener sino ser. Cada uno siendo tan igual a los demás y a la vez tan diferente del otro. Había gente de todos los estratos sociales, de diferentes profesiones, trabajos, partidos políticos y religiones. Desde el que se gana el sustento con la labor de sus manos hasta quien está detrás de un escritorio ordenando a sus empleados lo que tienen que hacer. Sin embargo, en aquella azotea, frente a la parrilla, entre risas y anécdotas, no se sabía quién tenía tal o cuál medio de vida. Pero se percibía lo que nos unía. El respeto hacia los demás. Siendo el hilo conductor el cariño. El aceptar que piensan diferente, pero eso no los hace malas personas. Sólo diferentes. Únicos.
Allí en medio de esa tribu urbana recordé el tema musical de El Kanka (cantautor malagueño) «Por tu olor», donde dice «venme a ver con la cara lavada, no pierdas el tiempo en las maneras, que el rímel no hace a la mirada…. No me interesa el mostrador del que la gente presume. Estoy contigo por tu olor, no por tu perfume».
En medio de esas personas a quienes no les interesa lo que tienes sino quien eres, sólo se puede ser tal como se es. A cara lavada. Porque ningún perfume o maquillaje puede disimular u ocultar tu esencia.
Ojalá haya más personas así. Que van de frente con su verdad. Que no necesariamente tiene que ser la verdad del otro. Que la exponen con valentía y defienden con argumentos y no con insultos.
Trabajemos todos por hacer de este mundo un lugar de exquisitos aromas y no de perfumes caros que disimulen olores rancios.
