Cuando agosto regresa gélido y cruel,
en mi corazón se abre, una nueva herida.
Y la sangre, que de ella mana,
es amarga, como el acíbar.
Mis sueños, se vuelven pesadillas.
Veo a un hombre morir.
Quiero abrazarlo, pero no puedo.
Un viento helado, lo aleja de mí.
Fango, se ha vuelto el rio.
Caen, los frutos en agraz.
Y alondras y ruiseñores,
silenciaron su cantar.
Vestidos de novia yacen,
en el barro pisoteado.
Y coros de ángeles cantan,
el Ave María, llorando.
Níveos azahares, destrozan,
los lobos, en las montañas.
Y negros nubarrones, cubren,
toda la tierra y los mares.
Despierto por la ventana me mira,
el lucerito del alba.
Entre mis manos, tengo,
azahares, ensangrentados…
Lola Petrone de Alonso
