Cuando yo era niña, mi madre,

inauguraba los días,

con su eterno trajinar.

En el jardín, el patio o la cocina,

la oía alegremente canturrear.

Y a su conjuro, toda la casa se llenaba,

con el aroma del café y el pan con grasa,

que sus manos diligentes amasaban.

Y era ella, quien primero me besaba,

entre un revoltijo de libros, muñecas y frazadas.

Luego, en el corral, de su delantal fluían,

áureos ríos de granos de oro,

que entre aleteos y picotazos,

palomas, patos y pollos se disputaban.

¡Ah! Memorias de la infancia, que para siempre,

celosamente, mi corazón ha de guardar.

Mi madre, partió hace mucho tiempo,

pero, a veces, al alba escucho,

-dulce y triste- su cantar.

Tu recuerdo

Busco tu querido recuerdo y hallo,

solamente un gran vacío.

¿Cómo pudo llevarse el tiempo,

algo que quise tanto,

algo que fue tan mío?

Lola Petrone de Alonso