La mujer que revolucionó el mundo de la moda
“Si has nacido sin alas, no hagas nada por impedir que te crezcan”
Gabrielle Chanel, nació el 19 de agosto de 1883, en Samur, Francia. Hija de un vendedor ambulante, mujeriego, borracho e irresponsable. Cuando Gabrielle tenía 12 años su mamá falleció y su padre la dejó en un hospicio a cargo de severas monjas, que se encargaron de su educación. Vivió seis años en el hospicio. Allí aprendió a coser, a bordar a mano y a planchar. Destrezas que luego le serían muy útiles. En esta etapa de su vida se sintió muy desgraciada y siempre intentó ocultar sus orígenes tan humildes. Según sus propias palabras, pensaba cada día como quitarse la vida. “Sobreviví únicamente gracias al orgullo”.
Con 17 años se escapó del hospicio y se fue a trabajar en una mercería en la localidad de Moulins. Al poco tiempo consiguió trabajo en La Rotonde, un cabaret al que iban a divertirse los oficiales del ejército y donde ella cantaba canciones populares como “Quien ha visto a Coco en el Trocadero”. Fue allí donde empezaron a llamarla la pequeña Coco, por la canción. Ella decidió adoptar ese apodo porque “unido a mi apellido, Chanel, sonaba muy bien”.
A los 22 años conoció a Etienne Balsan, quien la llevó a vivir a su castillo de Royallieu y le mostró otro tipo de vida completamente diferente al que ella conocía. La vida de Coco comenzó a transcurrir entre fiestas, salidas y de todo tipo de lujos. Aprendió a andar a caballo, a moverse en sociedad y a comportarse como una dama.
Cuando Coco se fue a París conoció a Boy Capel y en el año 1910, y con el apoyo de él, compró varias docenas de sombreros. Los reformó y los puso a la venta. El éxito fue absoluto y tuvo claro que quería dedicarse a crear su propia línea de ropa. Ese mismo año, abrió su primer taller de costura, la primera Mansión Chanel. “Viste vulgar y sólo verán el vestido. Viste elegante y verán a la mujer”. Como no sabía dibujar, creaba sus diseños sobre las modelos y a base de cortar y poner alfileres. Partió de cero. Inspirándose en su propio cuerpo, delgado y con poco pecho. Lo más importante es que pudo darse cuenta que la visión de la mujer estaba cambiando, que quería emanciparse y ser independiente. Y para ello necesitaba otro tipo de ropa que la hiciera sentirse elegante, pero a la vez cómoda y a gusto. Los nuevos tiempos exigían un estilo más deportivo y funcional. En este nuevo estilo de mujer, el corset definitivamente ya no iba.
Sus ideas frescas y novedosas fueron un éxito, de modo que, al poco tiempo, en 1913, pudo abrir una segunda tienda, en la ciudad veraniega de Deauville, donde se había instalado la gente más adinerada de París. Por causa de la guerra las telas escaseaban, así que su creatividad la llevó a cortar unos jerséis como los que ella misma llevaba. Al primer verano ya había reunido dinero suficiente para abrir una tercera tienda, en Biarritz. Para ese entonces ya tenía trabajando para ella más de 300 empleados.
Cuando creía que lo tenía todo, sufrió un aborto. Los médicos lograron salvarle la vida, pero probablemente quedó estéril para siempre.
Volcó toda su frustración al no poder ser madre, en su creatividad. Introdujo el tejido de punto a la alta costura. También acortó las faldas y lanzó al mercado piezas tan innovadoras como el impermeable. Después del infortunio con su embarazo, Boy la dejó para casarse con una aristócrata inglesa. Como acto de rebeldía, Coco cortó su larga cabellera azabache “a lo garçon” o sea a lo chico. Inmediatamente muchas mujeres la imitaron. Según sus propias palabras “Yo no creo en la copia, sino en la imitación. Y me parece bien ser imitada. Eso significa que has triunfado. La moda pasa, el estilo permanece”.
En 1923, Coco decidió celebrar sus 40 años sacando al mercado su primer perfume, otra de sus brillantes ideas: “Una mujer sin perfume es una mujer sin futuro. El perfume anuncia la llegada de una mujer y alarga su marcha. Hay que ponerse perfume donde uno quiere ser besada”. Fue en busca de Ernest Beaux y juntos crearon el mítico perfume Chanel No.5. Como todo lo que salía de sus manos la fragancia fue todo un éxito, reemplazando los polvos perfumados que se usaban en aquella época.
En 1925 creó el traje con falda y chaqueta haciendo juego, de manga larga, sin cuello y ribeteado. Sin dudas, uno de los modelos estrella de la firma y tristemente recordado por ser el que lucía Jackie Kennedy en el momento del asesinato de su esposo, (el presidente de los EE.UU.) John Kennedy.
También en ese año surgió la petite robe noire, el famoso vestido negro que pasó a ser prenda imprescindible en el guardarropa femenino hasta el día de hoy.
Luego de la segunda guerra mundial, y después de haber sido detenida e indagada al ser acusada de colaborar con los nazis, Coco se exilió en Suiza. El hueco que dejó en el mundo de la moda fue inmediatamente cubierto por Christian Dior y Cristóbal Balenciaga. Pero Coco no soportaba que la moda volviera a estar en manos de hombres y que regresaran los corséts. Así que en 1954 y con 71 años reabrió su casa de modas. América se rindió a sus pies una vez más y Coco volvió a encumbrarse en lo más alto. Volvió a sorprender al mundo de la moda con la aparición de los zapatos sin tacón.
La muerte la sorprendió trabajando en su nueva colección, el 10 de enero de 1971, con 88 años de edad.
“La moda no existe sólo en los vestidos. La moda está en el cielo, en la calle, la moda tiene que ver con las ideas, la forma en que vivimos, lo que está sucediendo. Yo no hago moda, yo soy Moda”. Elizabeth Moreira
