Si algo faltaba para corroborar que el “Día de la Madre” es un mero pretexto comercial, la escasez obligada por el coronavirus lo dejo claro éste año: Se manejaron dos fechas en mayo: la habitual (el segundo domingo), y luego -como se suponía que ese día se efectuarían las elecciones departamentales- se cambió al domingo siguiente. Próximos a la fecha, dado el escaso movimiento comercial, la Cámara de Comercio y Servicios decidió fijarlo para el próximo 14 de junio. En fin, en casa lo celebramos el domingo 10 de mayo, en la fecha tradicional.

Ahora llega el Día de los Abuelos, el próximo viernes 19 de junio. Tal vez porque coincide con el nacimiento de nuestro prócer José Gervasio Artigas, o por ser un día más afectivo que comercial (generalmente la costumbre es visitar a los abuelos, no tanto hacer grandes regalos), la fecha no se cambió.

Sabemos que el distanciamiento social forzado por la pandemia dificultará visitar a quienes los tengan lejos. Pero no debe ser motivo para no hacerles sentir que son amados. Si no se los puede visitar, sí se puede llamarlos por teléfono, enviarles un dibujo, una cartita, tal vez algo que les guste comer; pero sobre todo: que les haga sentir que los recuerdan, que están presentes en los corazones y en las mentes. A veces no basta con sentir. También hay que decir.