Pueden haber, mil amores,
pero, solo hay un Amor.
A veces, ando cantando,
y a veces, llorando voy.
Pero, siempre, me siento triste,
si no es contigo, con quien estoy.
Lloran las diamelas, lágrimas blancas,
pétalos de seda, que el viento se llevó.
Y yo, lloro por dentro, (aunque, me esté riendo)
Lágrimas amargas, por el hombre, que nunca regresó.
Honda pena sentí, al encontrarte, el otro día,
(Un viejecito, encorvado, canoso y vacilante)
Y yo, como una sombra, pasé a tu lado.
No quise pronunciar, tu nombre.
No quise avergonzarte.
Y seguí mi camino, con mis cuadernos de versos.
No me volví a mirarte. Como una ladrona hui.
Pero, muy dentro, una voz, me repetía implacable:
Es en vano, que huyas, su recuerdo siempre, vivirá en ti.
Esa noche, no pude conciliar, el sueño.
El amante de turno, dormía junto a mí.
¡Qué larga y azarosa, ha sido mi vida!
¡Y qué poquito, el tiempo, que he sido feliz!
Viejecito: ¡Como, quisiera estar a tu lado!
Cuidar de ti, darte toda mi ternura,
calmar, tu sed velar tu sueño, ser tu sombra,
pedirte perdón y con mis besos,
borrar, todas tus amarguras.
Lola Petrone de Alonso
