El viento aullando cruza,

las solitarias callejas.

No hay novios, en las esquinas,

ni geranios, en las rejas.

Una luna, roja, roja,

ha ensangrentado el rio.

El espectro de una niña,

llora, de miedo y de frio.

El alma de Judas anda,

penando, por los caminos.

Vendió, por treinta monedas,

a Jesús, a los judíos.

En su lecho aterrado,

tiembla el camposantero.

Soñó, que todos los muertos,

huyeron, del cementerio.

Las almas, de Ramón Burgos,

y del viejo Cabezón Maya,

por la orillita del rio,

sus asesinos, andan buscando.

Un gato negro, devora,

a una tierna, paloma blanca.

gemidos, lamentos, quejidos…

y amarillas luces malas…

Lola Petrone de Alonso