Suaves como la seda,
y como la nieve, blancas,
mis sabanas aguardan tu cuerpo,
que habrá de saciar mis ansias.
Te entregaré mi cuerpo y mi alma,
y olvidarás las distancias.
Esa noche, cantarán,
todas las voces del agua.
Mi pan, será tierno y blanco
(harina de mis trigales).
Y, como la sangre, rojo, será,
el dulce vino, de mis lagares.
Gitano de fuego y sol,
de ojos profundos y negros,
tus besos, olían a manzanas,
maduras, del mes de enero.
Tuyas serán, mis noches de luna,
los atardeceres estivales, en llamas,
las golondrinas, que anidan, en mi alero,
y el canto primaveral, de las calandrias.
