En 1937, cuando las tensiones en Europa y Asia se hacían evidentes, el jefe del servicio secreto del Reino Unido, el almirante Hugh Sinclair, ordenó que comenzaran a prepararse para una guerra y que se ampliara el personal. Particularmente en Bletchley Park, se focalizaron en analizar los códigos utilizados en sus comunicaciones por los ejércitos enemigos. Al principio se trataba de hombres, procedentes de las prestigiosas universidades Oxford y Cambridge. Sin embargo, a medida que ese trabajo criptoanalítico se fue mecanizando, se necesitó mucho más personal. Las mujeres comenzaron a ser llevadas a Bletchley Park después de haber sido abordadas en la universidad o debido a conexiones familiares de confianza. Al principio realizaban principalmente trabajo administrativo, pero la escasez de hombres (que debían acudir al campo de batalla) obligó a ampliar sus tareas. Entonces, comenzaron a buscar mujeres lingüistas, matemáticas e incluso expertas en crucigramas. En 1942, The Daily Telegraph organizó un concurso en el que se debía resolver un crucigrama críptico en 12 minutos. Las ganadoras fueron abordadas por los militares y algunas fueron reclutadas para trabajar en Bletchley Park, ya que se creía que tenían fuertes habilidades de pensamiento lateral, importante para romper códigos. Algunas de estas tenían títulos en matemáticas, física e ingeniería. El trabajo de éstas mujeres fue fundamental para desencriptar las comunicaciones secretas de la Alemania nazi y conocer sus intenciones.

