¡Otra vez estoy sin carga en el celular! Y sí. Mirá que le das pata a tu celular. Estás todo el día con él en la mano. Este diálogo sucedió entre mi esposo y yo. Y me dejó pensando. ¿Realmente paso el día con el celular en la mano? Y la respuesta es SI. Porque gracias a este aparatito, que puede ser muy adictivo, puedo hacer todas las cosas que solía hacer antes, pero en menos tiempo. Les explico: antes, en las mañanas salía para la panadería y pasaba por el quiosco de revistas a leer los titulares de los diarios. Hoy día leo en mi celular lo que acontece en mi país y el mundo en el portal de noticias. Si encuentro una palabra que desconozco su significado, voy a Wikipedia, en el celular y tengo la respuesta. Antes tenía que ir al diccionario y como estaba en el quiosco, tenía que esperar a llegar a casa. Salgo de Internet y me comunico por WhatsApp con mi hija que estudia en Montevideo, para saber cómo está y si necesita algo. La respuesta es inmediata. Cuando yo tenía su edad mis padres me escribían una carta que me llegaba 3 días después. Mi respuesta demoraba otros tres días. Total, que para ese entonces ya había resuelto lo que fuera sin su ayuda. Y si en algún momento no estaba bien, luego de 6 días sin dudas había mejorado.
Hago la lista de lo que necesito del mercadito en mi celular y la paso por WhatsApp. Los del comercio me responden que en una rato llega el muchacho del reparto. Reviso Facebook y me entero en que cuestiones andan mis conocidos. Pongo Like si me gusta lo que compartieron, comento si son amigos más cercanos, y si no, hago silencio. Eso me lleva pocos minutos. Pero me engancho con temas de cultura. Es como abrir una gigante enciclopedia. Y voy de la pintura (que es mi pasión), a las ciencias, a la política, literatura, algo de historia y obvio que no puede faltar ver que se va a llevar de moda esta temporada. A estas alturas ya se me lavó el mate. Ya sé que es hora de largar el celular. Hago las tareas entre los repiqueteos de mi teléfono. Que si hay clase de esto, que si sale la despedida de fulano, que si hay reunión de tal o cual cosa, que si tengo la receta de hamburguesas vegetarianas (o algo así), etc. etc. etc. Llega la hora de cocinar y por supuesto que voy al celular a descubrir los mejores trucos para cocinar bueno, bonito y barato. A la hora del almuerzo nos escribimos por WhatsApp con mi hija, así a ella le parece que no está sola y la distancia se le hace más corta. ¡La siesta es sagrada! El celular en modo avión.
Después realizo mis actividades, siempre con el celular como apoyo, como material de consulta, diccionario y para sacar ideas. Y me pongo a escribir en él, como estoy haciendo ahora. Y se lo mando al editor del periódico por mail, que también tengo en mi celular. Llega la noche y después de ver el noticiero vemos películas y series en Netflix, que tengo en el celular y lo veo en la tele por medio de un aparatito de Chromecast. Y llega la hora de ir a la cama y para que me dé sueño juego un poquito al solitario en mi teléfono. – Y sí, amor. Le doy mucha pata al celular. Por cierto, cuando vayas al centro ¿me compras otra batería?
Elizabeth Moreira
