Una de nuestras costumbres más arraigadas es tomar mate. La yerba, es una especie arbórea neotropical cuyo nombre técnico es “Ilex paraguariensis”. Sobre su origen, existen varias leyendas transmitidas oralmente por los indios guaraníes en relatos narrados por ancianos y chamanes. Con la llegada de los conquistadores y misioneros, muchas de esas leyendas fueron registradas en textos por cronistas y sacerdotes. Aquí les transcribimos dos. Conocerlas, nos ayuda a comprender que cuando hablamos de indios, no necesariamente se trata de salvajes como los que vemos en las películas.
Aquí les compartimos dos:
1) Hace mucho tiempo, un anciano guaraní vivía en la selva con su hija. Él ya estaba cansado y débil, y su única compañía era la joven, que lo cuidaba con amor. Un día, un viajero llegó a su hogar. En realidad, no era un hombre cualquiera, sino el dios Tupã, quien había tomado forma humana para recorrer la tierra.
El anciano, a pesar de su pobreza, compartió con el visitante lo poco que tenía. Conmovido por su generosidad y hospitalidad, Tupã le concedió un deseo. El anciano, en lugar de pedir riquezas o juventud, pidió algo para agradecer a su hija por su dedicación: quería que ella tuviera un compañero que la ayudara a sobrellevar la vida.
Tupã, emocionado por su nobleza, hizo brotar una nueva planta: la yerba mate. Luego, le enseñó a la joven a prepararla en una infusión, que traería fuerza y unión a quienes la compartían. Así nació el mate, símbolo de amistad y hospitalidad en la cultura guaraní.
Desde entonces, el mate se convierte en una bebida sagrada, que acompaña a los pueblos en sus jornadas y fortalece los lazos entre quienes lo comparten.
2) Cuentan que la luna, Yacy, recorría el cielo nocturno admirando la belleza de la tierra. Desde lo alto, observaba los ríos, los bosques y las criaturas que habitaban el mundo, cada vez más intrigada por sus secretos.
Con el tiempo, su curiosidad creció al escuchar relatos sobre la vida en la selva. Deseosa de conocerla de cerca, Yacy pidió permiso a Kuaray, el Sol, para descender junto a Araí, la nube. Aunque al principio se mostró reticente, el Sol aceptó con una condición: en la tierra serían vulnerables a los peligros de la selva, aunque invisibles para los humanos.
Maravilladas con su visita, ambas exploraron el mundo con asombro. Sin embargo, un yaguareté hambriento acechaba en la espesura. Justo cuando estaba a punto de atacarlas, un joven cazador guaraní apareció y, sin saberlo, salvó la vida de las diosas al abatir al animal con una flecha.
Cansado, el cazador se durmió bajo un árbol. En sueños, Yacy y Araí le agradecieron su valentía y le revelaron un regalo: al regresar a su tribu, encontraría un arbusto desconocido. Sus hojas, al ser preparadas en infusión, unirían a las personas en hermandad y paz.
Al despertar, el joven halló el arbusto en la entrada de su aldea. Siguiendo las instrucciones de Yacy, preparó la bebida en una calabaza y la compartió con su gente. Desde entonces, el mate se convirtió en símbolo de unión, un obsequio de la luna para fomentar la amistad y el compartir.
