Leyenda de la tormenta de Santa Rosa

En 1615 en el actual Perú, más precisamente en la entonces conocida como Ciudad de Los Reyes (hoy Lima), una religiosa llamada Rosa – Isabel Flores de Oliva, 1586 -1617 – encabezó una oración publica desde una iglesia, ante la inminencia del desembarco de piratas holandeses que ya habían asaltado el puerto vecino de Callao. Sin previo aviso, una gran tormenta impidió que las embarcaciones se acercaran a tierra y así, la ciudad de Lima se salvó del ataque. Aunque algunos textos dicen que en realidad el capitán pirata murió durante la tormenta y ese fue el motivo de que éstos desistieran del ataque, los creyentes comenzaron a atribuir la presencia de la tormenta y la huida de los piratas al poder místico de Rosa. En nuestro país, es muy común que ocurra una gran tormenta en los cinco primeros días posteriores o previos al 30 de agosto, que –además- para los católicos es el Día de Santa Rosa, quien por cierto fue la primera persona nacida en América  en recibir el reconocimiento canónico de santidad de la Iglesia católica (por el papa Clemente X en 1671). Según los meteorólogos, el evento no tiene la regularidad que el imaginario popular le atribuye, e imputan su ocurrencia al choque de las primeras masas de aire cálido que comienzan a incidir sobre los frentes fríos al acercarse la primavera. Muchas veces no llega a suceder un «temporal» propiamente dicho, solo fuertes lluvias, lo bueno es que luego suelen llegar temperaturas por encima de lo normal, lo que se cataloga como un «un adelanto de la primavera».