Con la presencia de Juan Carlos López (Lopecito) se presentaron en Club Tacuarembó dos libros (dos ensayos): Presencia y Ausencia. Víctor Lima. Vida y Obra; y Telémaco Morales. El ritmo de la patria que sedujo a Yupanqui, del autor Shubert López Vasella.

El Director General de Cultura de la intendencia, doctor Carlos Arezo Posada lo presentó: “Shubert Flores es un tacuaremboense que hace más de 45 años que vive en Buenos Aires, hombre de la cultura que además no se pierde una fiesta de la patria gaucha porque siempre viene. Y el trabajar durante años sobre Víctor Lima lo llevó a una producción interesantísima, que se traduce en éste libro de más de 600 páginas con muchísimas fotografías. Antes de la década del 50-60 escuchábamos fundamentalmente el folclore argentino, pero la producción de Víctor Lima, de Ruben Lena y de Washington Benavides cambió eso, más otros, sí, pero estos 3 fueron el esqueleto de la creación de la música popular uruguaya”.

A su vez, el autor contó: “Llego a mi querido Tacuarembó, de donde me fui hace 47 años, pero he estado volviendo permanentemente ligado, presentando dos ensayos de investigación: Un libro que se llama Telémaco Morales. El ritmo de la patria que sedujo a Yupanqui, y luego Presencia y Ausencia. Vida y Obra de Víctor Lima.

Dos trabajos que parten del desconocimiento, de la ignorancia que había sobre éstos hombres (la mía propia), que me hizo salir al camino a tratar de develar quienes fueron realmente. Telémaco Morales fue un guitarrista autodidacta, muy importante en su época, que nació en 1890 en El Tala (Canelones) y desde esa postura perseverante, vocacional con la música, llegó a actuar en Europa, a granjearse la simpatía y la admiración de los grandes maestros de la guitarra universal.

En Uruguay estuvo en el Paraninfo (de la universidad), en el teatro Solís, en Argentina fue admirado por Yupanqui. Acá, en Club Tacuarembó estuvo el 14 de agosto de 1939 dando un concierto. Lo más importante de éste hombre es que devino de esos cánones de la guitarra clásica a componer música criolla, y no legó más de 230 partituras, cielitos, pericones, estilos, danzas, milongas, es decir, lo más genuino y auténtico de nuestro folclore. Y ha caído en el olvido, hoy no se lo recuerda, y esto significa un gran rescate cultural.

Con respecto a Víctor Lima, es 31 años posterior, él nace en 1921, el 16 de junio se han cumplido los 100 años de su nacimiento en Salto; y es una de las figuras fundamentales de la música popular uruguaya. Pionero y regenerador, porque durante las décadas del 40 y el 50 con la aparición y la penetración de las radios argentinas predominaba la música de allá, y el folclore uruguayo estaba siendo postergado.

Y éste hombre, que se afinca en Treinta y Tres, desde allí, enciende la chispa de un cancionero propio, oriental, que va a tener una síntesis en la década del sesenta con la aparición de Los Olimareños, de quien es uno de los mentores, junto con Rubén Lena. Los Olimareños le graban nada más y nada menos que 26 temas a Víctor Lima, éxitos absolutos. De manera que fue un precursor, un pionero y un re lanzador del movimiento de la música popular uruguaya.

Fíjense ustedes que hasta biológicamente antecede en 4 años a Osiris Rodríguez castillo y a Rubén Lena que son de 1925, Sampayo es de 1926, Anselmo Grau es de 1930, Alan Gómez de 1932.

Ahora, ¿Por qué ésta recorrida? Hoy en Tacuarembó hago la vigésima primera presentación. Son dos hombres del interior, yo soy un tipo del interior, y siento profundamente la postergación del interior, de nuestros pueblos, adonde los intelectuales montevideanos no se toman el trabajo de venir a presentar un libro.

O sea que éstos 2 hombres son desconocidos y postergados porque son del interior. Víctor Lima trazó un eje oeste – este, de salto a Treinta y Tres, sin caer en las directrices de las vías férreas o de las rutas, que todas van a terminar en Montevideo.

Y Telémaco, nación en El Tala, se afincó en el interior del departamento de Durazno, y después tuvo un campito en la zona de Zapicán, al norte de Lavalleja, y de allí recorrió todo el Uruguay.

Y por eso, como para mí en los pueblos del interior son un reservorio cultural, he sido y han sido (los libros) recibidos con avidez y entusiasmo.”