Cuando en 2014 la intendencia (con el profesor Wilson Ezquerra al timón) compró el edificio donde una vez había funcionado el Teatro Escayola, hizo más que una compra: Dio el primer paso para la concreción de un sueño largamente acariciado: Rescatar para Tacuarembó otro sueño que otro gobernante (las redundancias van adrede) había tenido a fines del siglo 19. El sueño de hacer posible en ésta tierra tan lejana de la capital un lugar donde el pueblo pudiera acceder a la cultura.
¿Pero qué misterio alberga ésta tierra? ¿Fue éste teatro la semilla que floreció multiplicada en diversas especies? Nacidos o formados aquí, la lista de escritores, músicos o artistas plásticos es tan extensa que basta mencionar algunos y usted podría agregar muchos más, por lo que es necesariamente injusta: Una diosa del carnaval como Marta Gularte, músicos como Carlos Gardel, Carlos y Washington Benavidez, Eduardo Larbanois, Pablo Estramín, Eduardo Darnauchans, Víctor Cunha, Cacho Labandera, Numa Moraes, Lucas Sugo, Dani Umpi.
Escritores como Mario Benedetti, Tomás de Mattos, Circe Maia, Susana Cabrera de Menéndez, Alfredo Dante Gravina, Washington Beltrán, Sylvia Puentes de Oyenard, Enrique Amado Melo. Plásticos como Wilmar López, Miguel Casalás, Gustavo Alamón, Dumas Oroño, Julio Alpuy, José Gamarra…
Profundicemos un poco en el fundador del teatro que hoy resucita con su nombre:
En el libro Código Tacuarembó del Dr. Carlos Arezo Posada leemos que “Don Carlos Escayola fue “miembro y presidente de la Junta Económica Administrativa entre 1878 y 1881. Jefe Político de Tacuarembó durante el período 1881- 1890 ejerciendo en forma autoritaria al estilo del gobierno militar de turno. Su cargo (de) coronel fue nombramiento directo de su compadre, el presidente General Máximo Santos. En la revolución Saravista de 1904, fue designado en marzo Comandante Militar de Tacuarembó. Una virtud a destacar: Cuando los Jefes Políticos levantaban cuarteles y ayuntamientos, él construyó un teatro, el primer gran edificio de la localidad. Es el padre de Carlos Gardel”.
La construcción del edificio
A fines del siglo 19, la Villa de San Fructuoso tenía unos 4500 habitantes que vivían en casas sencillas construidas entre calles de tierra. Carlos Escayola entonces era Jefe Político de esta región (Tacuarembó y Rivera), y consiguió que su amigo y compadre el presidente Máximo Santos le donara el terreno donde construiría el teatro. Primero hizo una convocatoria pública para financiarlo mediante acciones, pero como solo consiguió un mínimo apoyo de la gente, decidió hacerlo con sus propios fondos, y en tres años construyó éste teatro que le habría costado 25.000 pesos (una fortuna en aquellos años). En esa época, a la zona de Minas de Corrales, llegaban inversiones extranjeras para las minas de oro de Cuñapirú, Sapucay y Corrales. Eso atrajo a la región mucha gente del país y extranjera. Entre ellos, el ingeniero francés Víctor L´Olivier, a quien los inversores franceses habían enviado para analizar la viabilidad de esas minas de oro. Su informe fue muy favorable, por lo que regresó como Director General de la misma. L´Olivier se afincaría aquí y entablaría amistad con el coronel Escayola, quien le confió el diseño del teatro. Se dice que tiene la forma clásica de los teatros europeos de la época y que el diseñador se habría inspirado en el Salón de Conciertos del Palacio de Trocadero de París.
La Inauguración
Según leemos en el libro “Historia del Teatro Escayola”, escrito por José López Cabas y Enrique López Sarracini (casualmente impreso en la imprenta que funcionaba en el edificio del propio teatro), “fue inaugurado el 31 de mayo de 1891 con la actuación de la Compañía de Zarzuelas de Félix Amurro, que había llegado a San Fructuoso dos días antes, el 29 de mayo, por Ferrocarril. Los integrantes de la compañía eran los siguientes: Félix Amurro (tenor y director), Eduardo Carmona (tenor cómico), Asunción Montiel (soprano), Adela Gómez (soprano), Ricardo Matti (barítono), Primitivo Martínez (barítono), Julián Torrijo (bajo), Pascual Martínez (característico), coro de ambos sexos y maestro concertador”. La obra presentada fue: “Los diamantes de la corona”.
Si bien en los costados del teatro, donde hoy funcionan los dos museos (de arte y del gaucho) completando el Espacio Cultural Escayola se habían previsto algunas habitaciones, a veces no alcanzaban para alojar a todos los artistas, y se dice que los vecinos de la villa solían disputarse el honor de albergarlos en sus propios domicilios.
Hoy, tras un trabajo paciente y silencioso de diez años, en el que la intendencia (otra vez con el intendente Ezquerra al mando) planificó, negoció y consiguió los fondos, se logró resucitar el viejo Teatro Escayola, nacido en el siglo 19, dormido durante 60 años y resucitado en el siglo 21.
Quizás –como en todo teatro- en él viva algún fantasma, y seguramente se habrá maravillado del brillo y esplendor hoy recuperado. Al mirar éste sueño que sobrevivió a 3 siglos y se proyecta hacia el cuarto, nos nace pensar: ¡Vale la pena soñar! Germán Suárez
