Plata y añil, corre y canta,

el río, hoy, vuelto lago

compañero, de mi infancia.

Peces pequeños, saltan,

jugueteando, sobre el agua,

y roncos gritos, de gaviotas,

van el silencio, trizando.

¡Ay!, qué placidez que tiene,

esta tardecita, el rio…

Una blanca, media luna,

tiembla, en el agua, de frío.

Cuándo niña, el manso río,

generoso, le ofrendaba,

a mis manos, codiciosas,

y, a mis ojos, asombrados,

almejas y caracoles,

mburucuyás y pitangas,

churrinches y mirasoles,

tortugas y camalotes,

garzas y picaflores,

camoatíes y mojarras,

de sus montes, rumorosos,

y del crisol, de sus aguas.

La nostalgia, va extendiendo,

finas redes, en mi alma,

aprisionando recuerdos,

que yacían, olvidados,

y que regresan, hiriendo,

como filosos puñales.