No puedo dormir ésta noche.
Sigo despierta y ya, es de madrugada.
Pesa el silencio como una lápida.
Ni de un grillo desvelado,
el cric-cric me acompaña.
El perro, en la cucha, guarda silencio.
Él, que todas las noches, ladraba y ladraba.
Ni un gato corre, por los tejados.
Silencioso, siento rondar los fantasmas.
Enciendo las luces, una, dos, tres…
No peleo con el terco insomnio.
Busco un libro, y comienzo a leer,
y Lorca, me lleva a su mundo,
de ángeles y demonios.
Gabriela y su triste amor destrozado.
(Todas, tuvimos, un amor así, alguna vez)
Señor: haz que regrese el sol tan ansiado.
Canten los pájaros, y vuelvan los rosales,
en mi mustio jardín a florecer.
Me asusta el chistido de una lechuza,
que cruza volando, el cielo azabache.
Me hago la señal de la Cruz. A esta hora,
salen los brujos a realizar maldades,
en los cementerios, de los campos y de los pueblos.
Dejo los libros, y me arropo, en la cama.
¡Qué largas son las noches, cuando huye el sueño!
Recuerdo la muerte de Lorca y el dolor de Gabriela,
y lenta, muy lentamente, mis ojos se cierran…
Lola Petrone de Alonso
