Los teléfonos inteligentes o smartphones nos han cambiado la vida. Han abierto una ventana gigante para conectarse, ver el mundo, estudiar, informarse… La lista podría ser larguísima, tanto como las funciones que este aparato agrega con cada nuevo modelo.
Pero la ciencia nos advierte que –como todo en la vida- su uso en exceso puede ser perjudicial para nuestra salud. Para empezar, el uso excesivo de los smartphones puede generar adicción a Internet, lo que a su vez puede causar anormalidades en las regiones cerebrales que involucran la creatividad, el procesamiento de emociones, la atención, la toma de decisiones y el control cognitivo. Por otra parte, la gran cantidad de estímulos que recibimos a través de él puede dificultar la capacidad de concentrarse en una sola tarea. La posibilidad de disponer de información al instante puede llevarnos a una disminución de la necesidad de recordar datos y hechos, lo que podría afectar la memoria a corto plazo.
De alguna manera, funciona como una droga: Cada vez que escroleamos y encontramos algo que nos interesa, nuestro cerebro libera dopamina, (el neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa). Como contrapartida, si consultamos constantemente el teléfono móvil, aumentamos el riesgo de cometer errores o de que sucedan accidentes, de hecho, en muchos países se están instalando a ras del piso “semáforos para zombies”, con la finalidad de que quienes caminan mirando el celular vean lateralmente una luz en el piso al llegar a la esquina, pues ocurren muchos accidentes por cruzar descuidadamente.
Según la web de National Geographics, hace poco, un estudio preliminar en el que colaboraron la Universidad de Málaga, la Fondazione Don Carlo Gnocchi (Milán, Italia) y la Gannon University (Pensilvania, EEUU) concluía que el cambio en la actividad y uso del pulgar sobre todo entre los jóvenes, podría provocar la aparición de patologías y dolor en la base del dedo pulgar que no eran propias en edades tan tempranas. Esto podría estar relacionado entre otras cosas al uso continuado del móvil, videojuegos o pantallas táctiles y la falta de manipulación y actividades de destreza en edades tempranas. Todo esto, sumado a que se reducen las horas que dedicamos a escribir a mano, hace que utilicemos con menor frecuencia el pulgar o que cambiemos la forma de utilizarlo y de regular la musculatura.
Si tiene problemas para dormir, sepa que el uso de pantallas antes de dormir puede afectar negativamente el sueño, ya que la luz azul que emiten las pantallas puede alterar el ritmo circadiano y dificultar el proceso de conciliación del sueño. Por eso, el celular puede ser un gran aiado, pero –como cantaba Alberto Cortéz: “Ni poco ni demasiado, todo es cuestión de medida”.
