Cuando tenía 35 años y de una manera muy simple, recibí una de las lecciones de vida más importantes, que me ayudó a cambiar y ser mucho más tolerante con las demás personas.

En aquella época tenía una amiga que tenía un hijo de 8 años. La llamaron del colegio para comunicarle que el niño estaba teniendo problemas de conducta y en su relacionamiento con los otros niños. Al hablarlo con el padre, decidieron llevarlo al psicólogo. Antes de entrevistarse con el pequeño, el profesional pidió hablar primero con los adultos que convivían con el niño. Mientras esperaban su turno, mi amiga y su hijo fueron a visitarme al local donde yo trabajaba. Entonces el niño le preguntó a su madre por qué el psicólogo quería hablar con su padre, con la mujer de su padre, con ella y con su padrastro. Mi amiga le contestó que quería saber cómo era él antes de conocerlo; a lo que el niño respondió que bastaba con entrevistarla a ella, que era su madre para saberlo. Y aquí viene la enseñanza que recibí y que se me grabó para siempre.

Por favor, sin mover la cabeza describe esta habitación – le dijo al niño- quien inmediatamente hizo lo que le pedía. Ahora cámbiate de lugar y siéntate enfrente. Describe la habitación sin mover la cabeza. Nuevamente lo hizo.

-La descripción fue igual en ambos casos?

– ¡No!

– ¿Mentiste en alguna de ellas?

– ¡No! Lo que pasa que desde acá no vi lo que estaba detrás de mí. Y cuando me puse enfrente si lo vi.

– ¿Ves por qué el psicólogo quiere la descripción de cada uno de nosotros? Cada uno te conoce desde una silla ubicada en diferente lugar. Cada uno dirá la verdad desde su lugar.

Yo quedé muda. Estaba teniendo un golpe de toma de conciencia que cambió por completo mi manera de ver las cosas. De «ver» a las demás personas. De «entender» a las demás personas.

Cada quien defiende «su verdad» desde la silla en la que está. Así que cada situación tiene tantas descripciones como observadores haya. Y si queremos tener una visión más amplia, debemos escuchar todas las voces y después inteligentemente unir todas las piezas, quitando las partes emocionales de cada relato, para quedar con las verdades más puras y objetivas posibles. No se logra del todo, pero se aproxima.

Así que, si quieres llevar una vida más tolerante y tranquila, solo trata de ponerte en el lugar del otro por un rato.