Esa frase la escuché en una canción del grupo musical uruguayo «El Cuarteto de Nos», que se llama Yo no soy el hijo de Hernández, y me quedó resonando en la cabeza.
Cuando te presentas y dices tu apellido y te preguntan si eres hijo de tal o cuál persona, es para hacer inmediatamente la relación con esa persona que conocen, y por lo tanto, si tú eres su hijo o hija, forzosamente tienes que ser igual. Lo cual es un disparate, porque cada persona es como es debido a la suma de muchos factores. Obvio que uno de dichos factores es la genética, pero eso es en cuanto al físico, y tenemos rasgos que pueden ser parecidos. Pero generalmente la gente se refiere a que seas igual en comportamiento, en manera de pensar y actuar. Y ahí es donde viene el asunto al que se refiere la canción. No me pidas que sea lo que no soy. Mi padre o mi madre son quienes son y yo no tengo por qué ser igual. Porque he vivido experiencias diferentes, he aprendido cosas que ellos no, he decidido que no haré determinadas cosas que ellos hacen o hicieron. No tengo por qué seguir sus mismos patrones de comportamiento.
Cuando el niño va creciendo copia cosas de los adultos con quiénes convive y la gente empieza a decirle que es igual a papá o a mamá. Y ese niño cree que «debe» ser igual. No soy psicóloga, pero creo que basta observar un poco para darnos cuenta que cuando llegan a la adolescencia comienzan las rebeldías. Que son sanas. Que es cuando el niño va creciendo y se empieza a dar cuenta que no «debe» ser como papá o mamá, o el abuelo, o como quien lo han estado comparando, sino que es una persona diferente. Con gustos propios, experiencias que lo marcaron, gente con las que se relaciona que le aportan cosas que este joven va incorporando. Y se vuelve un adulto único, sano y funcional.
Así que, si estás lidiando con tu hijo o nieto adolescente, sea del sexo que sea, no te pongas mal por sus reacciones. No son contra ti, no quiere lastimarte, no lo hace a propósito. Sólo está descubriéndose a sí mismo.
En cuanto a ti, que estás leyendo esto, te digo que ya puedes decir basta y dejar de repetir viejos patrones familiares nocivos. Por ejemplo, esos rencores familiares que vienen de tus ancestros y que sigues como si fueran propios. Si te interesa saber que pasó busca la contraparte de la historia, y luego saca tus propias conclusiones. Sin prejuicios, con la mente abierta y un fuerte grado de empatía, poniéndote en los zapatos del otro. Y si no te interesa, déjalo ir. No repitas lo que te contaron porque tú no eres ni tus padres ni tus abuelos. Es momento de desprenderse de mochilas que cargas y no son tuyas. Vive tus propias experiencias, crea tus propios juicios. Y como dice la canción del Cuarteto de Nos: «soy quien soy, no necesito identificación. Se bien de dónde vengo y dónde voy. Porque soy lo que soy y no quien quieras vos».
