En la quietud de la noche,

cuando callan los grillos,

y de pie en los jardines,

los enanos duermen,

yo leo.

Cuando el búho,

señor del campanario,

regresa cansado de volar,

y el viento, no sé dónde,

se detiene extenuado a descansar,

yo escribo.

En la hora misteriosa,

de los brujos y los duendes,

cuando las puertas,

y las ventanas,

se abren solas,

y de los sepulcros salen,

los muertos a vagar,

yo rezo.

Y cuando los perros sin dueños,

dejan de aullar,

a una estrella remota,

que jamás alcanzarán,

y la luna, de todos y de nadie,

vuelve locos a los poetas,

y a los enamorados,

yo pienso en ti.

Lola Petrone de Alonso