Desde los primeros días del 2020 hasta hoy el mundo se puso de revés. Y aquello tan lejano que le pasaba a los chinos se trasladó a Europa. Y personas de las clases media y alta de nuestro país trajeron el contagio dentro de nuestras fronteras.
El golpe es tremendo. De pronto estas dos clases sociales se enfrentan a la realidad que su posición no les mantiene a salvo. Y los ancianos pasaron de ser los eternos olvidados a ser los más protegidos.
Nadie estaba preparado para este cambio de roles. Para que los famosos tuvieran que encerrarse en sus casas y los empleados de la salud pasaran a ser los ídolos aplaudidos por el público. Las amas de casa, que antes parecían invisibles, se volvieron el centro de control que mantiene en funcionamiento el encierro de la cuarentena. Para los jóvenes no ir a sus centros de estudio dejó de ser un acto de rebeldía para convertirse en un acto de obediencia, estar sin hacer nada dejó de ser divertido y se pusieron a estudiar. Como dije al principio: el mundo al revés.
Estamos cayendo en la cuenta que sólo se puede vivir UN DÍA A LA VEZ.
Si desarrollamos inteligencia seguiremos así para siempre, viviendo, ocupándonos y solucionando situaciones, un día a la vez. Y al recostar la cabeza en la almohada daremos gracias porque el día de hoy tuvimos lo que necesitamos.
Y dejaremos de dar todo por seguro. Y dejaremos de esperar que nada cambie. Porque lo único que se mantiene igual es que «todo cambia». Si ponemos resistencia, sufrimos. Si nos dejamos llevar de acuerdo a los acontecimientos, romperemos siglos de estructuras monolíticas pasadas de moda y que ya no funcionan; y crearemos un mundo nuevo. Y estaremos pendientes, manteniendo las distancias, de nuestros adultos mayores porque nos hemos dado cuenta -ante la idea de perderlos- de cuanto los amamos. Y seremos más selectivos en el uso y en los contenidos de las redes sociales. La tecnología vino para quedarse y nos vamos a acostumbrar a usarla inteligentemente y con responsabilidad.
Un sabio dijo por allí que toda situación tiene su bien oculto. Tratemos de descubrir las cosas buenas que nos trae esta pandemia. Con alegría, con fuerza, con optimismo, borrando viejas creencias, pero sobre todo viviendo un día a la vez sin preocuparnos por el siguiente. Hoy estamos bien y mañana será otro día. Ya nos ocuparemos de él en su momento, porque si lo hacemos ahora nos estaremos PRE-OCUPANDO, con la carga de estrés que eso conlleva.
Canta ahora, ríe ahora, vive ahora. El después ya llegará y cuando llegue será «ahora». Elizabeth Moreira
