Para quienes no me conocen, les cuento que nací en la segunda mitad del siglo pasado. ¡Wow! Parece mucho ¿no?
Y sí, lo es. No tanto por los años que pasaron, algo menos de 60, y que, con los avances en la manera de alimentarnos, la medicina y la farmacología, ahora son los nuevos 40. Sino más bien por los cambios en el comportamiento humano debido a la tecnología. Hoy día, sin lugar a dudas disfrutamos de libertades que a fines del siglo XX eran impensadas.
A las nuevas generaciones les resulta más fácil administrar su tiempo. A nosotros aún nos cuesta. Crecimos escuchando la frase: «al que madruga Dios lo ayuda». Aún no sabemos en qué ayudaba. Pero esa frase servía para tratar de haragán, incluso hasta el día de hoy, a cualquiera que no esté de pie a las 7:30 de la mañana.
Claro que las cosas han cambiado mucho. Creo que para bien. Por lo menos para mí, que pertenezco al grupo de «haraganes» que no logro despertarme temprano, y que mi verdadera productividad comienza al medio día y que termina a altas horas de la noche. Incluso en la madrugada.
La tecnología me permite tener en mi computadora, tablet o celular toda la información, clases, tutoriales, libros, música, películas y programas de televisión a mi disposición a la hora que quiero.
Por lo tanto, soy absolutamente libre de elegir a qué hora del día o la noche realizo mis actividades.
La pandemia mundial ayudó a abrir mentes y salir de las cajitas mentales dentro de las cuales vivía mucha gente. Se descubrió que se puede estudiar sin estar en un salón de clase. Se puede teletrabajar y hasta rendir más desde la casa. Músicos en diferentes países pueden crear piezas musicales bellísimas, cada uno desde su lugar y hacer un ensamble perfecto en tiempo real. Y la lista de posibilidades es inmensa. El tiempo pasó a ser algo relativo. Cada quien se lo puede administrar cubriendo todas las áreas necesarias.
Así que si eres de los que aún sigues criticando a los que no madrugamos, te recuerdo que estás malgastando un tiempo precioso, que puedes utilizar para modernizarte y ser parte del siglo XXI. Elizabeth Moreira
