Una vez, siendo muy jovencita, mi hermano me contó un chiste que iba así: » Durante un invierno crudo y con 5 grados bajo cero, un conquistador blanco se acerca a un indígena que andaba de taparrabos y le pregunta: -ustedes los indios, no sienten frío? – A lo que el charrúa le contesta con otra pregunta: ¿Hombre blanco tener frío en la cara? – El conquistador responde: ¡No! Entonces el indígena le dice: “indio ser todo cara».

Ese cuento me marcó para siempre. Porque quedó resonando en mi cabeza que es así. Que sentir frío o calor extremo es más una cuestión mental que real. Y obviamente que vamos acostumbrando al cuerpo a determinada temperatura. De ahí que un esquimal seguro se desmaya de calor en un verano en Uruguay. Y un uruguayo moriría de hipotermia en el Polo Norte.

Soy sesentona, mi infancia la viví durante la década de los 60 y 70. En esa época, por lo menos en mi ciudad, las niñas no usaban pantalones. Por lo que recuerdo tremendos inviernos y andar con falda por encima de la rodilla y las piernas al aire. Porque las medias can can se rompían al raspar las rodillas contra el suelo al jugar. Razón por la cual nuestras madres las dejaban sólo para salir.

No recuerdo sufrir gripe ni otras enfermedades que no fueran las comunes de aquella época, como sarampión, rubeola, varicela y paperas. Que daban una sola vez en la vida, hacíamos una semana de cama y seguía la vida.

Los mayores de 60 somos una generación especial, que vivimos muchos cambios. Desde el teléfono fijo que había que discar, hasta tener un celular de última generación en la mano. De escuchar música en discos de vinilo en tocadiscos de púa, a tener auriculares con música de todo tipo, con Spotify, en los oídos. De ver televisión en blanco y negro, a tener televisión inteligente de pantalla plana. Etc., etc., etc. 

Tenemos que contarle a nuestros hijos y nietos estas cosas, de manera amena, sin pretender ser mejores que las generaciones que vinieron después. Con humildad y dejando veladamente el mensaje de que la vida es linda de ser vivida sin miedos, con respeto hacia el otro, atreviéndose a hacer cosas nuevas. Sin temor a equivocarse. Porque somos la generación que todo lo aprendimos equivocándonos y volviendo a hacerlo hasta que salía bien. Que sabemos lidiar con la frustración y no nos dejamos vencer. Es mucho lo que tenemos para enseñar. Si nos dan la oportunidad. Porque como dice la película El internauta: «lo viejo sirve».

En cuanto a la ola de frío que estamos viviendo, vuélvanse todo cara, pero se abrigan y se cuidan.