El conocimiento no entiende de años y la mejor manera de prevenir el surgimiento de enfermedades como el Alzheimer es ejercitar el cerebro. Por eso, para el doctor en Neurociencias de la Universidad de Oxford y catedrático de Fisiología y Biofísica de la Universidad de Iowa, Francisco Mora, aprender un idioma después de los 50 años, independientemente de cuántos se conozcan ya, es una exigencia útil para el cerebro, lo que hace que se mejore la llamada plasticidad cerebral y se potencie el aprendizaje y la memoria.
Si bien esto es válido para todas las edades, según el catedrático es mucho más beneficioso para las personas que superan los 50 años, ya que al aprender idiomas se somete al cerebro a un nivel de exigencia que mejora el desempeño intelectual a todo nivel. De manera que hablamos de ejercicios que no involucran esfuerzos físicos y pueden hacerse sentados.
