Carlos, se quedó para siempre,
en el tiempo detenido.
Un tiempo lejano y hermoso,
de golondrinas y de mirlos.
Cuando un beso, era un pecado,
que debíamos confesar en la iglesia.
¡Pero entonces, era tan lindo pecar…!
Tempranito, mi madre aprontaba el mate,
Y se iba con mi padre, bajo la parra a matear.
Los gatos, corrían a las palomas,
Y tía Longina, en la cama,
el Ángelus, comenzaba a rezar.
Más tarde, llegaban de campaña,
Tía Nemesia, Elvira y Enilda.
Esa noche habría baile en el Club Uruguay.
Y allí estarían, Carlos y el Gitano.
Dos soldaditos de papel, peleando una guerra,
Que ninguno de ellos, habría de ganar.
Pero que a mí, a veces (como ahora)
Me gusta mucho recordar.
Postal Campesina
El tajamar azul, refleja,
una blanca nubecilla.
El campo, luce dorado,
de flores de manzanillas…
Lola Petrone de Alonso
