El sedentarismo: un desafío de la vida moderna

«Lo que se utiliza se desarrolla, lo que no se utiliza se atrofia», reza una conocida frase atribuida al médico griego Hipócrates. Más de dos mil años después, estas palabras siguen teniendo plena vigencia en una sociedad donde cada vez pasamos más tiempo sentados frente a una pantalla, viajando en vehículos o realizando actividades que requieren poco movimiento físico.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la inactividad física uno de los principales factores de riesgo para la salud. El sedentarismo afecta a personas de todas las edades, géneros y condiciones sociales, y se ha convertido en una característica frecuente de la vida moderna.

La salud no consiste solamente en la ausencia de enfermedades. Según la OMS, es un estado de completo bienestar físico, mental y social. En este sentido, la actividad física, junto con una alimentación equilibrada y hábitos saludables, constituye una herramienta fundamental para mantener una buena calidad de vida.

Se entiende por actividad física cualquier movimiento corporal producido por los músculos que implique un gasto de energía. No es necesario practicar un deporte competitivo para obtener beneficios. Actividades tan sencillas como caminar, andar en bicicleta, bailar, realizar tareas domésticas o trabajar en el jardín ayudan a mantener el cuerpo activo.

Actualmente, la OMS recomienda que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa. Esto equivale, por ejemplo, a caminar a buen ritmo durante unos 30 minutos al día, cinco veces por semana.

Los beneficios de mantenerse activo son numerosos y están ampliamente comprobados por la ciencia. La actividad física regular ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. También contribuye al control de la presión arterial, favorece el mantenimiento de un peso saludable y fortalece músculos, huesos y articulaciones.

Además de los beneficios físicos, el ejercicio tiene un impacto positivo sobre la salud mental. Diversos estudios demuestran que ayuda a disminuir el estrés, la ansiedad y los síntomas de depresión, al tiempo que mejora el estado de ánimo y la calidad del sueño.

Otro aspecto importante es la prevención de caídas y fracturas en las personas mayores. Mantener una vida activa contribuye a conservar la fuerza muscular, el equilibrio y la movilidad, factores esenciales para una vejez más saludable e independiente.

La tecnología ha facilitado muchas tareas cotidianas, pero también ha favorecido hábitos más sedentarios. Horas frente al televisor, la computadora o el teléfono celular pueden reducir considerablemente el tiempo dedicado al movimiento. Por eso, los especialistas recomiendan interrumpir periódicamente los períodos prolongados de estar sentado y aprovechar cualquier oportunidad para caminar o realizar alguna actividad física.

La buena noticia es que nunca es tarde para comenzar. No hacen falta equipos costosos ni ropa especial. Una caminata diaria, subir escaleras en lugar de usar el ascensor o dar un paseo por el barrio son pequeñas acciones que pueden marcar una gran diferencia.

Moverse más y sentarse menos es una de las decisiones más sencillas y efectivas para cuidar la salud. El cuerpo está hecho para la actividad, y mantenerlo en movimiento es una inversión que ofrece beneficios a cualquier edad.