Cuando comienza un año tenemos la costumbre de armar un programa a llevar a cabo y que se supone que nos hará lograr las metas que nos proponemos en la vida. Y nos decimos muy convencidos «este año voy a priorizar mi autocuidado». Y en ese programa incluimos hacer ejercicios, comer sano y no entrar en la locura de querer hacer más de lo que podemos.
Las intenciones son muy buenas. Empezamos el año haciendo todo prolijo. Hasta que en determinado momento nos damos cuenta que la rutina de autocuidado se ha convertido en algo que nos estresa tanto o más que lo que hacíamos antes de » cuidarnos».
En qué momento se volvió una jaula que me aprisiona y no me permite respirar? Me encuentro contando las calorías en lugar de saborear el plato. Miro el reloj para ver cuánto me falta para volver de mi caminata, en lugar de disfrutar del paisaje. Pongo la cabeza sobre la almohada y en lugar de relajarme para dormir, empiezo a repasar todo lo que tengo que hacer mañana. Y al día siguiente es lo mismo. Para. No sigas por ahí.
Porque la vida es esto que se te pasa mientras estás en esta vorágine de cosas que haces en «piloto automático» para lograr tus metas. Sientes que estás realizando cosas para cubrir las expectativas que otros tienen sobre ti, porque” a tu edad » deberías tener esto o aquello. O ”a tu edad» no deberías hacer eso y tendrías que estar haciendo esto otro. Y la vida deja de ser vida.
Cuando fue la última vez que te sentiste realmente vivo? ¿Que estabas haciendo en ese momento? Recuerdas esa sensación?
Entonces reconecta contigo. Porque es «tu edad» y no la de los demás.
No significa que dejes de cumplir con tus obligaciones. Sino que las hagas metiéndote dentro. Si estás conduciendo hazlo con todos tus sentidos alertas, prestando atención al camino y a todo lo que te rodea, saboreando la sensación de que eres tu quien lleva el vehículo. Siente el poder de conducir. Si estás llevando los niños a clase disfruta de su charla, interésate por sus cosas porque para ellos son muy importantes. Si estás haciendo ejercicio pon atención en cada músculo, como se tensa, como se mueve. Como esa máquina perfecta que es tu cuerpo realiza esas cosas. Disfruta de poder moverte. Si estás cocinando mira los colores de los alimentos, los olores, como los combinas para lograr ese sabor tan especial.
Y así con cada cosa que hagas. Tenemos 5 sentidos que nos permiten sensaciones únicas y las dejamos pasar por no estar entregados a lo que estamos haciendo. Vive cada momento sintiéndolo y pensándolo. Si no lo vives no existe. Es sólo una idea, algo que te propusiste hacer en algún momento. Solo existe lo que experimentas. Y si estás cansado, organiza tu día para poder descansar. No es debilidad ni flojera, es necesario. Escucha tu cuerpo. Dale disciplina, pero no lo agotes. Recuerda que es tu caballito de batalla. Te tiene que acompañar hasta el último instante de tu vida. Es único, es tuyo, es tu responsabilidad. Así que reconecta con él. No separes tu mente de tu cuerpo. Eres una unidad compuesta de partes. Una física, otra mental y otra emocional. Relacionadas, conectadas. Y si se mueven en armonía, le vuelves a tomar gusto a la vida. Y cada día es digno de ser vivido y disfrutado, sin estrés, sin culpas, sin desorden. Y el autocuidado deja de ser una carga y se convierte en amor propio. Y el amor propio te lleva a lograr metas puestas por ti, por lo que te importa a ti. Y si tú te sientes bien con tu vida, lo transmites a quienes te rodean. Y tal vez les contagies las ganas. Y tal vez empezamos a sumar en lugar de dividir.
