Estaba conversando con una amiga y salió el tema de ordenar y organizar los armarios. Y como soy una persona muy reflexiva, eso me dio motivo para pensar.
Nuestro mundo (me refiero al que se forma dentro de nuestro círculo de influencia) está hecho a nuestra imagen y semejanza. ¿Cómo así? Es fácil de entender. Nuestras decisiones nos llevaron a vivir en la casa en la que estamos. Tiene los muebles que queremos o quisimos tener en un momento. Están ubicados donde nosotros los pusimos. Y así con todo. Los utensilios de cocina, la ropa y otros efectos personales.
Pues bien, ahora mira todo a tu alrededor. Tómate tu tiempo. ¿Estás conforme con lo que ves?
Lo más probable es que no. Hay cosas que ya no te agradan. Cosas que no quieres ni ver. Que te traen malos recuerdos. Otras que las tienes y hace mucho que dejaste de usar. Ni siquiera sabes por qué las tienes porque no te aportan nada. Y también tienes cosas que son lindas, útiles, pero que a ti ya no te van. Cómo ropas o zapatos. Que sirvieron en el pasado y que guardas con la esperanza de que te vuelvan a servir. ¿Te cuento el final? Eso nunca va a pasar. Porque la vida no da marcha atrás. Tu cuerpo va cambiando, puede no variar de peso, puedes seguir entrando en esos pantalones, pero ya no te ves bien con ellos. Porque eran del tiempo en que hacías otras cosas. Y los guardas porque están unidos a gratos recuerdos. Vas captando la idea que te quiero transmitir?
Limpia tu armario y verás cómo junto con eso limpias tu mente. Porque hay que hacer un ejercicio mental. Ante cada cosa tenemos que hacernos por lo menos tres preguntas: 1- Lo quiero? 2- Me sirve? 3- Qué me aporta?
Despréndete de lo que ya no quieras. Despréndete de lo que ya no sirva. Despréndete de lo que ocupa lugar, pero ya no aporta nada.
Algunas cosas no es necesario desprenderse. Sólo necesitan un cambio. Recicla.
Otras necesitan ocupar el lugar que deben y salir del medio. Ubícalas.
Y las que te gustan, te sirven y te aportan, dales el lugar de privilegio que se merecen.
Mientras haces estas cosas, vas haciendo lo mismo con las personas de tu mundo. Y por último y más difícil, haz lo mismo con tus ideas. ¿Cuántas son tuyas, las quieres, te sirven y te aportan? ¿Cuántas son heredadas, no las quieres y no te aportan nada, o lo que es peor, te aportan negatividades?
Limpia y reorganiza tu casa. Pero lo más importante, limpia y reorganiza tus ideas.
