En mi celular tengo una app de música. En ella puedo elegir los temas que me gustan y hacer una lista de repetición. Luego solo doy Play y la disfruto. Dicha lista está hecha de acuerdo a mis preferencias, y al igual que mi personalidad, es absolutamente ecléctica y cambiante.
Cuando era adolescente hice un test vocacional y la psicóloga me dijo que podía seguir más de una orientación ya que me gustaban tantas cosas tan diferentes entre sí. Lo cierto es que tengo 60 años y me siguen interesando cosas muy diversas. Y fácilmente me aburren las personas monotemáticas. Que suenan como un rulo de tambor, repitiendo una y otra vez lo mismo. La primera vez las escucho con atención para ver de qué va el asunto. Las siguientes veces los miro como si los escuchara, pero en realidad puedo estar haciendo, mentalmente, la lista de compras, cantando una canción o meditando sobre algún tema. ¿Que si eso no es correcto? Es posible. Pero tampoco es correcto que una misma persona venga una y otra vez a hablar de lo mismo. Sin querer un intercambio de opinión. Sin importarle lo que yo pienso al respecto. Personas que están hechizadas con sus propias palabras.
Si tú eres de ese tipo de personas, te sugiero que abras tu mente a cosas nuevas. Deja que los cambios te sorprendan. Haz el ejercicio de cambiarte de ventanilla para ver el paisaje del otro lado de la vida. Procura ver el mundo con la curiosidad y la perplejidad de un niño. El mundo no está peor que antes. Sólo está diferente. Te sugiero que cambies tu actitud. Sobre todo, si eres negativo y pesimista. Eso aburre y cansa a cualquier persona que se te acerque.
¿Por qué crees que los hijos y los nietos ya no llegan con tanta frecuencia? ¡Porque los aburres! Ellos quieren escuchar tus historias de cuando metiste la pata. Cuando sufriste por amor. Cuando te volviste a enamorar. Cuando sentiste miedo en tu primer día de trabajo. Cuando te diste cuenta que estaba por nacer tu hijo y no te sentías preparado. Quieren saber de dónde sacaste fuerzas para levantarte después de una caída. Quieren conocerte como realmente eres y no a ese extraño subido al pedestal que tú mismo inventaste y que ahora los mira de arriba creyendo que tiene todas las respuestas. Sé empático y ponte en sus zapatos. Acepta sus diferencias y ayúdalos a saber que nada es tan grave como parece. Que siempre hay una salida. Que todo es una cuestión de actitud. Que sentir auto lástima no te deja ver la salida y aleja a los demás.
Si llegaste a esta etapa de la vida, tienes mucha historia recorrida. Muchas vivencias que puedes transformar en experiencia si logras extraer la enseñanza que te dejaron. Y eso lo puedes compartir con alegría y dejando de ser un tipo o una tipa aburrido/a. Cambia la música y tu vida se convertirá en un divertido baile. Te lo digo por experiencia.
