Me gusta hablar con vos porque me escuchas en silencio y me miras a los ojos sin interrumpir.

Me llevó muchos años darme cuenta que no puedo controlarlo todo. Que solo me puedo controlar a mí. Y muchas veces ni eso. Me saqué presión en cuanto a lo que hacían los demás. No es mi asunto. Trato de cumplir con mis responsabilidades y dejo que los demás cumplan si quieren. Y si las cosas no se hacen que se haga cargo quien debía hacerlo. Estoy siempre para dar una mano, pero si me lo piden. Sino no tengo por qué meterme.

Lo que pasó es un tiempo muerto. Y el futuro aún no existe. Sólo tenemos el aquí y el ahora. Y la vida nos tiene que hacer felices. Si no lo hace hay algo que estamos haciendo errado.

Los mayores de 50 somos de la generación a la que no nos permitían equivocarnos. Y si lo hacíamos éramos desterrados de las familias, porque no cumplíamos con los estándares impuestos por una sociedad pacata y rancia, que vivía del que dirán.

Fue una época muy dura que afortunadamente pasó. Ahora estamos en la era de la libertad. De hacer las cosas a nuestro ritmo, de acuerdo a lo que consideramos que es lo mejor para nosotros. Y sobre todo de rodearnos de las personas que suman, que unen, que nos aman. Y aprender a dejarnos amar. Con nuestras locuras, siendo como somos, sin fingir para ser aceptados.

Yo te quiero así. Libre, de carácter fuerte, a veces solidaria, a veces egoísta por sentir y demostrarse amor propio, Muchas veces te reconozco en el espejo, y otras veces me lleva tiempo reconocerte.

Tenemos muchas cosas que arreglar aún. Lo importante es darse cuenta qué cosas y como arreglarlas.  Con la mente puesta en ser mejores un poquito cada día. Cuídate. Quiérete. Deja de culparte. Haz lo necesario para sentirte plena y feliz. De eso trata la vida.